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Joan Gomila
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jueves, 29 de julio de 2010 |
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Oiga, que hasta el propio presidente seguro que esboza una sonrisa al reflexionar sobre lo que hizo ayer por la tarde, bajo un sol de justicia. El máximo mandatario fue, acompañado por un nutrida comitiva que incluía a la alcaldesa de Palma, decenas de cámaras de televisión, fotógrafos de prensa y periodistas de radio, a la sede de Gesa en el Coll d'en Rabassa. No, no se asusten, no fue a hablar de los retrasos en los recibos ni a preguntar por qué lo de la competencia con otras eléctricas se quedó en nada. No, fue a inaugurar un enchufe. Tal cual. Es verdad que no es un enchufe cualquiera, pero al fin y al cabo es un enchufe. Llegó a la sede de la compañía, estuvo unos minutos dentro y, después, acompañado por un equipo de la dirección de la empresa italiana que nos da la energía, fue hasta el aparcamiento, donde, tal como decimos, inauguró el susodicho enchufe. ¿Qué tiene de particular este artilugio? Poco: que es para coches y que no lo usará nadie durante varios años. Después, suponemos que todo satisfecho, el presidente se volvió por donde vino.
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