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Pep Fuster
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sábado, 27 de junio de 2009 |
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No es la primera vez, ni será la última, que la Fiscalía Anticorrupción acepta pedir una condena menor a la prevista para aquellos imputados en casos de corrupción que se convierten en ‘arrepentidos’, después de que las pruebas les señalen irrefutablemente, y comienzan a implicar a otras personas y cuanto más alto están en el escalafón mejor. Los ‘protegidos’ por el Ministerio Público cantan hasta la Traviata si hace falta a cambio de un beneficio para ellos que supone el desprestigio del señalado. Según qué imputado sea el que recibe la ‘ganga’ no se corta lo más mínimo a la hora de señalar con el dedo y de decir auténticas burradas, amparadas en muchas ocasiones por el secreto de sumario y filtradas a algún medio de comunicación, lo que deja totalmente indefenso al perjudicado y provoca una publicidad muy tóxica y un daño irreparable en la imagen y el honor de personas que como Joan Flaquer solo pueden defenderse diciendo que están “tranquilas” aunque realmente se sientan irritados e indefensos.
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