La crisis económica
La disminución de la actividad mercantil y la destrucción del tejido productivo están generando una severa disminución de los ingresos públicos. La caótica política financiera vinculada a las entidades de crédito, disminuyendo el dinero a disposición de los ciudadanos y empresarios, ha contribuido también a la génesis de una crisis social de consecuencias no previsibles. Miles de ciudadanos se quedan sin su derecho al trabajo, aumenta geométricamente el número de personas que viven en precario y con ingresos por debajo de los establecidos en el umbral de la pobreza.
La crisis sanitaria
Trabajo y bienestar económico son determinantes de salud tan importantes, en términos de esperanza y calidad de vida, como la propia asistencia sanitaria. Por ello estamos viviendo unos momentos difíciles y delicados que inciden en la salud de los ciudadanos. Existe una relación directa, acreditada de forma profusa, entre el nivel socioeconómico y la salud de las personas.
Por otro lado, se acabó la posibilidad de continuar incrementando los presupuestos dedicados a la asistencia sanitaria. Estamos en época de recesión y forzosamente se resienten los fondos sanitarios. La racionalización, la aplicación de tecnologías contrastadas y el rigor en la gestión, acompañaran durante años a los inevitables ajustes salariales.
Las otras crisis
La fragilidad de la situación actual se hace patente en la falta de dinero corriente, con tensiones de tesorería que obligan a tomar decisiones drásticas, algunas de ellas improvisadas, con muchos claroscuros, en un momento en el que debe primar como nunca, la reflexión y las soluciones rigurosas. Por otro lado, bien es sabido, que la dificultad por ella misma, es una excusa que la historia nunca acepta.
La crisis sanitaria no es sólo económica. La crisis sanitaria no se puede imputar o atribuir solamente a la crisis financiera. La actitud de los ciudadanos, los profesionales y los representantes políticos, tienen mucho que ver con las consecuencias de la crisis y con su resolución. Los diferentes países, la afrontan de forma distinta y esta les afecta de una forma también diferente. La manera de abordarla es trascedente. Contribuye a iniciar la senda de la recuperación o a perpetuarse en las dificultades, en alargar sus consecuencias y dificultando las posibilidades de recuperación.
No se si es el caso, pero en esta situación, la crisis de liderazgo, de imaginación, de mesura y proporcionalidad en la toma de decisiones, la crisis de diálogo y la falta de confianza tienen efectos tan lesivos como la propia crisis financiera.
Apretarse el cinturón. Los profesionales sanitarios son muy conscientes de la necesidad de implicarse y de sacrificarse para adaptar el sector a la escasez de recursos y a la nueva realidad. La administración debe comprometerse con la redefinición de la organización, esforzarse en su refinanciación y en evitar que los criterios economicistas no se ceben con el sector de forma inequitativa.
Se están anunciando medidas de recorte, generales y especificas, con el objetivo reconocido de un supuesto ahorro, que una amplia representación de la ciudadanía y los propios profesionales no entienden. Es muy simple, demasiado simple, vulgar, demasiado vulgar, atribuir esta incomprensión a la disminución de unos presuntos privilegios.
Sistema sanitario eficiente. Nuestro sistema sanitario soporta cualquier tipo comparación con los sistemas sanitarios equivalentes, en eficiencia, en ratios de profesionales y en resultados de salud. Por tanto, no olvidemos la máxima aplicada en el campo de la medicina y atribuida al médico griego Hipócrates, que dice algo así como “lo primero es no hacer daño”; que los efectos secundarios de las presumibles actuaciones de mejora no sean más lesivas que el supuesto daño que quieren evitar.
El verdadero valor, el valor añadido de nuestro sistema sanitario es el conocimiento y la competencia de sus profesionales, adquirido a lo largo de décadas. La capacidad de los profesionales, su salud económica, su bienestar, no son el problema, son junto a la racionalización en el gasto y el mantenimiento de las inversiones más coste-efectivas, son el principal recurso para salvar la erosión del sistema sanitario de las consecuencias de los inevitables recortes económicos.
Entradillas
- La dificultad es una excusa que la historia nunca acepta. Es el momento de la reflexión y de las soluciones rigurosas.
- Se están anunciando medidas de recorte, generales y específicas, con el objetivo reconocido de un supuesto ahorro, que una amplia representación de la ciudadanía y los propios profesionales no entienden.
- La crisis de liderazgo, de imaginación, de mesura y proporcionalidad en la toma de decisiones, la crisis de diálogo y de confianza, tienen efectos tan lesivos como los propia crisis financiera.








Por cierto, Jaime: Te felicito por tus palabras
Estoy de acuerdo con todo lo expuesto. La situación es difícil y exige lideres capaces y comprometidos. Tengo la sensación que los recortes que se están aplicando en el sector sanitario, y el desgaste que estamos sufriendo los profesionales sanitarios, no van a servir para nada. Siento desilusión, desánimo y decepción. Me intranquiliza sobremanera, la falta de rumbo, de capacidad, de experiencia, de sentido común y de habilidad, de los actuales reponsables de la Sanidad. Me gustaría que alguien capaz, con credibilidad nos liderase y que pudieramos decir de él: “es un gestor duro pero si lo apoyamos, entre todos conseguiremós salir de esta difícil situación”. Necesitamos sentir confianza. Nos hacen falta directivos que den a cada problema una solución específica. Recortar sin ton ni son, solo aumenta la crispación y reduce la productividad de los profesionales de la Sanidad.
en un momento crucial como el actual, donde habría que seleccionar minuciosamente a nuestros gestores para poder elegir a los mejores y más capacitados, con una visión seria del sistema, con capacidad de aplicar recortes racionales sin afectar a la calidad, dialogantes y con criterio, respetuosos con los profesionales, con liderazgo, valentía y sentido común, nos encontramos con que quienes nos dirigen son personajillos de segunda fila, sin conocimientos sanitarios, más bien cobardes e incapaces de planificar, buscadores de soluciones simples y repentinas, ocurrencias de ignorantes que solo están consiguiendo desmotivar a los profesionales que tienen en sus manos algo tan importante como nuestra salud
Certero y preciso Jaime.
Totalmente de acuerdo con tu argumentación.
Podríamos elegir cientos de frases, brillantes todas, para ilustrar cuanto está pasando
Escojo una
La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos.
Louis Dumur
(LAS DECISIONES SE ESTÁN TOMANDO PARA SALVAGUARDAR EL BIEN COMÚN, ES UNA DE LAS FRASES MÁS FRECUENTES …… VERGONZOSO ¡¡¡).
La vulgaridad se ha instalado en la toma de decisiones.
La vocación de servicio público de las administraciones ha decaído, de forma brutal, quedando a salvo sólo los privilegios de los dirigentes (“la casta”).
La incompetencia de la clase dirigente ha ido creciendo exponencialmente.
La imaginación brilla por su ausencia.
Mucha paciencia y mucha presión harán falta para cambiar el sino de las cosas.
Espero seguir leyéndote en este foro.
Un abrazo.
Jaume