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Recetas que matan

Por: Emilio Arteaga el 6 agosto 2013 | Comentar

Hace unos pocos días el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha hecho público un documento en el que hace diversas consideraciones acerca de la economía española y varias recomendaciones de medidas que se deberían aplicar a muy corto plazo. Entre las medidas más llamativas se incluye la de profundizar en la reforma laboral, abaratar el despido de los contratos fijos, aumentar la flexibilidad laboral, un pacto social que incluya un descenso de los salarios de un 10 % en dos años, una disminución de las cotizaciones sociales, cambiar el sistema de cálculo de la pensiones, así como el de su revalorización anual, para adaptarlos a la situacion “real” de la economía, lo que supondría “de facto” una devaluación y, como ingrediente final del cóctel (Mólotov), un incremento del IVA. Justifica el FMI estas medidas con unas hipotéticas mejoras del PIB del 5 % y de 5 o 6 puntos en la tasa de paro. Varios profesores universitarios de economía ya han refutado estas mejoras, con argumentos que parecen lógicos. Si muchos ciudadanos y muchas familias ya han llegado, y sobrepasado, al límite de sus posibilidades, una reducción adicional de un 10 % en sus salarios, o una reducción de sus pensiones, no hará sino llevarlos a una situación de insolvencia que provocará un aumento de la morosidad y de impagos de hipotecas, que volverá a poner en dificultades al sistema financiero y provocará otra oleada de viviendas expropiadas y de desahucios, con la consiguiente problemática social. Una subida del IVA añadida a una rebaja de los salarios, provocará un retracción aún mayor del gasto de las familias, con lo que no se producirá el hipotético aumento de recaudación e, incluso si se consigue un cierto incremento en el monto total de dinero recaudado por el impuesto, debido a los bienes y servicios de los que no se puede prescindir: energía, combustible, agua, gas, transporte, etc., el descenso del consumo en otras áreas: alimentación, vestido, calzado, ocio, cultura, espectáculos, viajes, restauración, etc., será letal, especialmente para el pequeño comercio, provocando un rosario de cierres y pérdidas de puestos de trabajo, lo que haría aumentar la tasa de paro, incrementaría la presión sobre el sistema de cobertura de desempleo y haría aumentar aun más la morosidad y los impagos.

 

Estas “recomendaciones” no serían sino una nueva vuelta de tuerca en las políticas de austeridad a las que nos han condenado nuestros gobiernos, siguiendo, como alumnos bien aplicados, las indicaciones (imposiciones) de la famosa Troica, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI. Lo que los documentos del FMI no mencionan nunca es que sus recetas de austeridad tienen un efecto devastador sobre la salud de las personas. En un contexto de recesión económica, en el que muchas personas pierden su trabajo o ven recortados sus emolumentos, pierden su vivienda y gran parte de sus expectativas de futuro, o del de sus hijos, es especialmente importante que se mantengan los sistemas de asistencia sanitaria y de protección social. Sin embargo, los programas de austeridad promovidos por el FMI suelen incluir, casi invariablemente, recortes sustanciales en los presupuestos para sanidad y bienestar, con consecuencias devastadoras para la población. En Grecia, las brutales restricciones presupuestarias han conducido a un dramático empeoramiento de la salud de sus ciudadanos. La tasa de incremento de la infección por el VIH se ha disparado, sobre todo por la transmisión por jeringas y agujas contaminadas debido a un gran aumento de la drogadicción provocado por la desmoralización y depresión colectivas y a la desaparición o recorte de muchos programas de prevención contra el uso de drogas. La eliminación de miles de puestos de trabajo de médicos y personal sanitario, la falta de medicamentos por carencia de presupuesto farmacéutico y el gran aumento del número de personas excluidas de la asistencia sanitaria, han llevado a Grecia al borde de convertirse en un país sanitariamente del tercer mundo. Las enfermedades infecciosas, como la tuberculosis o la sífilis están volviendo a niveles de hace 50 o 60 años, ha aparecido un brote autóctono de paludismo, el primero en Europa desde la erradicación de la enfermedad, la mortalidad infantil ha subido más del 40 % y los griegos ven con desesperación como su país se hunde sin remedio para varias generaciones. En España la situación aun no es tan grave, ni mucho menos, en gran parte por la inercia que todavía existe de un sistema sanitario que todavía es excelente, pero ya no tanto como antes y está en grave peligro. El tiempo de espera para una operación ha aumentado sustancialmente y las listas de espera son cada vez más largas. Se ha incrementado el número de casos de depresión, alcoholismo y suicidios. Se cierran centros de salud, servicios de urgencias, hospitales, se recortan programas. La denegación del derecho de asistencia a los residentes irregulares, los “sin papeles”, es una bomba de relojería que puede explotar en cualquier momento en forma de brotes epidémicos de enfermedades infecciosas como la tuberculosis. Si el gobierno no rectifica y persiste en los recortes sanitarios, el estado global de salud de la población española empeorará, ya está empeorando, y la expectativa de vida, una de las más largas del mundo, disminuirá sin remedio.

 

Y lo peor es que toda esta austeridad no está sirviendo para reducir la deuda pública española, sino que, al contrario, está creciendo desbocadamente, casi 65 puntos entre 2007 y 2012, del 36,7 al 84,2 % del PIB. Si el objetivo principal es reducir el déficit, a fin de mantener la deuda en niveles sostenibles, llama la atención que en 2012, año en que se consiguió una importante contención del déficit presupuestario, la deuda se ha disparado en casi 15 puntos, del 69,3 de 2011 al 84,2 % del PIB. Y esta es la deuda oficial, aceptada por el Eurostat, porque los expertos calculan que la deuda real ha sido en 2012 del 112 % del PIB. Si traducimos los porcentajes a cantidades de dinero, las cifras resultan mareantes: 883 mil millones de euros, deuda oficial, o 1 billón 177 mil millones, deuda real. Eso a 31 de diciembre de 2012, ahora ya es peor. Los cálculos para 2015 es que la deuda oficial será del 100 % del PIB y la real del 130 %. Para echarse a temblar.

Autor: mallorcadiario.com

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