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Tiempo de decepciones. Y de plumillas felices

Por: Juan Carlos Enrique el 24 junio 2015 | Comentar

Pasado un mes desde las elecciones municipales y autonómicas, debe saber el lector que sólo hay un colectivo satisfecho con el espectáculo de variedades que andan representando nuestros muy democráticamente elegidos representantes. ¿Saben cuál es? Efectivamente, el de los periodistas. La montaña rusa en que se ha convertido la política balear nos provoca a los plumillas descarga intracraneal diaria de un euforizante cóctel de endorfinas que pone patas arriba las redacciones de diarios, radios y medios digitales.

- “¡Armengol será presidenta! ¡Hay pacto!”, gritaba por los pasillos de Onda Cero uno de los periodistas mientras toda la redacción se disponía a cambiar la apertura de los informativos de la mañana.

- “¡Han roto el pacto! ¡Han roto el pacto! ¡Més reclama los consells!”, se pudo escuchar un día en los pasillos.

- “Bauzá se irá a Madrid”, dijo otro redactor.
- “¿De ministro?”, pregunté.
- “No, de senador autonómico”.
- “¿En serio? ¿No se iba a quedar a las duras a las maduras?”, respondí.

- “Hay acuerdo en el Consell. Vuelven a negociar para el Parlament.”, decía ayer otro compañero.

Un no parar, oiga. Y lo bueno es que este parque de atracciones extremo en que se ha convertido el día a día de la actualidad política seguirá así los próximos años. O eso parece.

Sin embargo, aparte de a mis compañeros del gremio periodístico, no veo a nadie más sintiéndose feliz. El resto de los sufridos votantes no está satisfecho mayoritariamente con el cambiante e inestable escenario actual. Los votantes de derecha afrontan con resignación cristiana la que se les viene encima, atentos a cada ocurrencia que se anuncia. Los simpatizantes de izquierda y los nacionalistas, desconcertados, asisten a un espectáculo difícil de interpretar en el que partidos condenados a entenderse no se acaban de poner de acuerdo en el necesario reparto de sillones. Los votantes de Podemos – no así la oficialidad del partido- se preguntan si tiene sentido que su voto sirva para ocupar la poltrona de la presidencia del Parlament y para propiciar, como palmeros residentes, que gobiernen los de siempre. Los ciudadanos de a pie, mayoritariamente cabreados, andan decepcionados con los nuevos políticos que en pocos días han demostrado allá donde han conseguido gobernar, que sus programas electorales quedaron ya en papel mojado. En el minuto uno olvidaron sus propuestas para presentarnos otras. Al más puro estilo marxista. De Grouxo, no de Karl.

Nada nuevo bajo el sol, diré por enésima vez a riesgo de hacerme repetitivo ante el lector.

Los viejos políticos se comportan como siempre lo han hecho, anteponiendo sus intereses a los de los ciudadanos. Los nuevos, esos que iban a traer are fresco a las instituciones, se han quedado en la pancarta y el gesto para la galería vacío de contenido. Eso si: te dejan que les tutees, no llevan corbata y sí camiseta, se rebajan el sueldo un cinco por ciento y al coche oficial le llaman “coche de incidencia”. Por no hablar de la “tolerancia cero” antes exigida y que ahora se aplica con matices a los imputados propios. Y hasta con los condenados. Esos que se declaran insumisos ante las leyes y decisiones judiciales que no les convienen. Todo muy democrático, y todo muy nuevo.

Que siga el espectáculo.

Los “plumillas” nos lo estamos pasando en grande. La ciudadanía, sobre todo la más necesitada, no tanto. Pasar de los “tuits” incendiarios a la acción parece que es algo complejo. Que se lo digan al amigo Tsipras. Que se los ha bajado ya hasta los tobillos para evitar el desastre total en Grecia dejando en papel mojado la práctica totalidad de las propuestas que le llevaron a la presidencia griega.

De lo mas entretenido.

Autor: mallorcadiario.com

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