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Violencia no tan esporádica en el fútbol base

La batalla campal acaecida este pasado domingo en el campo de fútbol de Alaró, durante un partido de categoría infantil (13-14 años) entre el conjunto local y el Collerense, es un hecho de suma gravedad y de todo punto deplorable. Es absolutamente increíble que cosas así y con ese nivel de violencia y agresividad, puedan tener lugar en un recinto deportivo y durante un partido de fútbol base, donde se supone que los chavales participan en la actividad deportiva para mejorar su estado físico y para recibir, además, una educación en valores que el deporte proporciona, al menos en teoría porque ya vemos que en la práctica eso flaquea.

Los clubes deben cortar de raíz toda actuación de violencia física y verbal que se detecte

Si hay que analizar los hechos con rigor, será justo reconocer que la violencia no es excepcional en los campos de fútbol. Se ve en las categorías superiores y en las categorías inferiores. Y en el fútbol base no es tan extraordinario comprobar que algunos padres se acaloran en exceso hasta el punto de insultar al equipo rival e incluso al árbitro, lo que constituye un ejemplo vergonzoso e inadmisible. Sucede que de la pelea tumultuaria de Alaró hay constancia por el vídeo que todo el mundo ha podido ver y que ha abierto informativos de televisión de ámbito nacional, para general vergüenza y escarnio.

Llegados a este punto es preciso que la Federación Balear de Fútbol actúe con todo rigor, así como los clubes implicados. En este sentido, la decisión de la Comisión Antiviolencia haya remitido el caso a la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Balears es absolutamente correcta y acertada. Pero hay mucho más por hacer. Los clubes, de todas las categorías, deben cortar de raíz toda actuación de violencia física y verbal que se detecte entre familiares de los jugadores de la edad que sean, y expulsarles de los recintos deportivos. Algo como lo vivido el domingo en Alaró y que ha merecido justamente la condena y reprobación unánime de dentro y fuera del mundo deportivo, no puede volver a repetirse. Pero para ello hay que actuar y no quedarse en las manifestaciones de indignación y en los lamentos consiguientes.


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