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Pesadilla con buen final

martes 04 de junio de 2019, 06:00h

Hace un año y medio mi mujer y yo decidimos dar un giro radical a nuestras vidas y abandonar Palma, la metrópolis, centro de casi toda la vida cultural, artística y social de la isla, amén de concentrar la mayor oferta gastronómica, la mejor y más variada oferta comercial y de ocio, así como prácticamente todos los servicios administrativos, además del aeropuerto y el puerto, únicas vías de escape, aparte de unas muy reducidas posibilidades en Port d’Alcúdia y Cala Rajada.

La idea era ir a vivir a algún pueblo pequeño del Pla de Mallorca y cambiar nuestros hábitos a una vida mucho más tranquila. Empezamos, por tanto, el proceso de poner en venta nuestra vivienda palmesana y la búsqueda de una casa que se adaptase a nuestras necesidades y a nuestras posibilidades económicas. La cosa pareció ir bien, ya que enseguida encontramos unos compradores potenciales interesados y también una casa que os convenía a precio razonable en Maria de la Salut. Pero hay que desconfiar de las soluciones rápidas y convenientes, nunca se tiene tanta suerte.

Los compradores encontraron dificultades en conseguir financiación y el tema se empantanó. Pasó el tiempo y perdimos la señal, afortunadamente pequeña, que habíamos dado por la casa de Maria. Transcurrió casi un año, sin que tuviéramos ninguna otra oferta seria de compra, pero, al fin, luz al final del túnel, los compradores iniciales habían solucionado sus problemas y estaban en disposición de adquirir nuestro piso de Palma. Sabíamos que la casa de Maria había seguido libre todo ese tiempo, pero cuando contactamos, ¡maldición!, se había vendido hacía quince días. ¡Por dos semanas! Los dioses de la vivienda no habían sido clementes con nosotros.

Empieza entonces una búsqueda contra reloj de una alternativa y cuando ya nos habíamos dado de tiempo hasta fin de año o lo dejábamos estar y nos quedábamos en Palma, encontramos una casa en Lloret que se adapta a nuestras necesidades y al precio que podemos pagar. A partir de ahí el proceso se desarrolla de manera bastante tranquila y sin especiales contratiempos.

¿Todo solucionado? No, ahora empiezan LAS OBRAS y empieza la pesadilla. A pesar de tratarse de una obra menor, solo algunos arreglos internos, algún cambio en los baños y la cocina, sustitución de aires acondicionados, rehabilitación de la instalación eléctrica y acondicionamiento de una estancia que era una especie almacén desastrado, la cosa se alarga más de lo esperado, y de lo lógico, y problemas nuevos surgen sin cesar: obstrucciones de los conductos de los cables eléctricos, ausencia de planos de las tuberías del agua, acometida del agua en la fachada posterior en vez de la anterior, retrasos en los suministros, desagües compartidos con el vecino, suelos desnivelados que requieren mucho más trabajo del presupuestado y un largo etcétera que sería prolijo enumerar.

Por momentos te arrepientes del paso iniciado y te preguntas cómo te has metido en este fregado, con lo bien que estabas en Palma. Pero al final todo se arregla, bueno casi todo, siempre quedan flecos, pero puedes trasladar los muebles y enseres que han estado tres meses en un guardamuebles y dejar el piso de transición alquilado y te instalas en tu nueva casa. De momento parece un almacén, te quedan semanas para poner todo en su sitio, pero estrenas la cocina y duermes en tu cama después de varios meses y por la mañana, en vez despertarte los ruidos de los motores de las motos que van por las calles de Palma pensando que corren en un gran premio de moto GP, te despiertan los trinos de los pájaros, claro que también te cagan el coche, pero se respira tranquilidad, aunque también hay un montón de avispas sobrevolando la piscina y el porche, que resultan amenazadoras y milpiés enormes moviéndose alrededor, atraídos por la humedad. Son inofensivos, pero resultan asquerosillos y huelen mal.

Pero recuerdas que todo eso ya era así cuando eras niño y te pasabas el verano en la casa del pueblo y tampoco tiene tanta importancia. La vida en el centro de Mallorca seguro que será muy interesante y satisfactoria, pero la pesadilla de LAS OBRAS tardaremos en olvidarla.

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