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Del rico pacto a la defunción

jueves 03 de marzo de 2011, 14:06h
Los reyes del mambo de la política balear en agosto de 2007 se hallan a las puertas de la cárcel o en el arcén de la carretera. Han pasado de perdonar la vida a todo al mundo a nadar en el lodo. Los excesos siempre se pagan. Y más aún si van acompañados de la soberbia. En la UM de MAM hubo muchas extralimitaciones y demasiada altivez. Pedro Serra intentó con todas sus fuerzas que Munar pactara con Matas en 1999. La presidenta del partido mercantilista se sentía aún más poderosa que el editor y no le hizo caso. Con la intermediación de Conrado de Villalonga en la primavera de 2007 -lo pretendió dos veces- sucedió lo mismo. Para MAM, el mando era de su exclusividad. El primer rechazo obedeció a cuestiones políticas -ya la Liga Norte defendía que con el PP el partido se contaminaba ideológicamente- y el segundo fue puro despecho de la líder por los ataques de Estarás y, sobre todo , de El Mundo de Baleares. Munar sostenía que Matas no quiso parar las investigaciones del periódico de Pedro J. Antich se rindió en las dos ocasiones, pero en 2007 se hincó aún más de rodillas. Le dio todo lo que la señora quiso: la presidencia del Parlament y tres consellerias claves como Turismo, Medio Ambiente y Deportes. La negociación fue fácil y rápida, en especial con la de Turismo, que bajo ningún concepto la pretendía entonces el PSIB. ‘Pacto, que rico pacto’. Así tituló Desarrollo su portada de junio de 2007, al poco de los resultados electorales. Un pacto final que enrabietó a Miguel Nadal, al que Matas le prometió la alcaldía de Palma con sólo tres concejales. El ofuscamiento de su segundo se lo pasó por el forro una política que estaba por encima del bien y del mal. En todos los partidos cuecen habas, pero en UM se cocinaban con especial aderezo de dádivas. Y en todo momento bajo la batuta de una chef a penas cuestionada por sus pastueños. A Toni Martorell, nada más nombrarlo director general de IB3, le dejó las cosas claras: “A El Mundo y al Grupo Preferente, ni agua”. Igual sucedió con Buils. El cortijo mallorquín -también balear- fue suyo porque así lo quisieron todos los demás partidos políticos, la prensa más vendida y una sociedad manfutista como la isleña. Pero acabaron suicidándose ellos solos por avaricia y autosuficiencia. O sea, ebrios de un poder que corrompe y que no respeta ni al adversario ni al ciudadano. Tenían que haberlos vistos llegar en septiembre de 2007 al restaurante del Club de Mar, todos altivos. Grimalt (Medio Ambiente), Buils (Turismo), Cañellas (Deportes) y Munar (Parlament), saludando a los dos comensales de la mesa contigua por encima del hombro y perdonándoles la vida. Qué vida la de UM, sus reyes y sus mamberos.
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