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Juan Luis Guerra y 4.40

sábado 29 de febrero de 2020, 02:00h

A veces, la inspiración para escribir un artículo no llega, por mucho que nos esforcemos en que así pueda ser. En momentos así, cada columnista tiene sus propios recursos para intentar solucionar de la mejor manera posible esos momentos de pequeño vacío creativo. En mi caso, mi ayuda secreta suele ser casi siempre escuchar un poco de música de la popular web de vídeos Youtube.

Una música especialmente inspiradora para mí es, sin duda, la del gran cantautor dominicano Juan Luis Guerra. Siempre es una delicia escuchar cualquier canción suya, en especial cuando la interpreta con el acompañamiento de su grupo 4.40. Además, hay muchos temas preciosos entre los que poder escoger, como «Te regalo una rosa», «Burbujas de amor», «Estrellitas y duendes», «La hormiguita», «Sólo tengo ojos para ti», «Que me des tu cariño» o «Mi bendición».

Empieza a sonar cualquier bachata de Juan Luis Guerra y, casi sin darme cuenta, empiezo a mover entonces la cabeza, el tronco y las extremidades frente al ordenador, normalmente siempre sentado, aunque a veces me levanto y me pongo a bailar en el comedor. En ese sentido, creo que sería conveniente poner una cortina en la ventana de esa estancia concreta, pues hasta ahora los vecinos que viven enfrente de casa creo que me tienen por una persona esencialmente seria y responsable.

Lo que más me gusta del autor de «Ojalá que llueva café» es que sus temas parecen invitarnos siempre, incluso cuando son más melancólicos o nostálgicos, sobre todo a sentir y a vivir. Así, sus composiciones nos animan de una manera u otra a disfrutar de los pequeños instantes de plenitud que también a veces nos ofrece la vida, a disfrutar quizás de un rayo de sol, de la lluvia, del perfume de una rosa, de cualquier hermoso detalle inesperado o de una mirada llena de amor.

Escuchando a Juan Luis Guerra, nos dejamos embargar siempre, gozosa y lentamente, por su romanticismo. Y lo hacemos sin oponer apenas resistencia, porque el suyo es un romanticismo esencialmente dulce, soñador y vitalista. Cuando eso ocurre, entonces, por unos momentos, la vida nos parece mucho más sencilla, hermosa y plena. Y en el fondo, realmente quizás de verdad lo sea.
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