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Manifestación, boda y divorcio

viernes 28 de septiembre de 2012, 23:36h

Mientras en España seguimos escandalizados por la última manifestación de protesta, en donde ni eran tantos los que son ni son tantos los que estaban; con un agravante, esos  pequeños grupos que solo se dedican a instigar actos violentos, para después protestar por la actuación policial ante sus acciones.

Triste es que consiguieran su objetivo: hacer perder valor a lo que tenía que ser una expresión de opinión ciudadana libre, pacífica y reconocida en cualquier democracia. Lo peor estaba por venir, se nos han puesto los pelos de punta al observar la imagen patética que se ha dado al exterior, no ha sido agradable ver a nuestro país en los medios televisivos extranjeros por motivos tan negativos, ni  leer en los periódicos que la percepción de otros países es que España está ahogada, derrumbada, lanzada a su suerte.

La vida en España continúa inexorable, aunque no por causes positivos,  ciudadanos de diferentes países algunos de los cuáles ya anunciaban el apocalipsis que vivimos, vuelven con sus familias a los lugares de origen, dejando atrás las ilusiones y la energía invertida en nuestro país.

Mientras todo esto ocurre, hay territorios del mundo en los que el tiempo se detiene para celebrar una boda por todo lo alto, que lejos de llevar a la envidia nos traslada a aquellos maravillosos instantes en que nuestro país estaba en el top ten de la economía mundial, nos traslada a aquellos tiempos en que ciudadanos con sueldos mileuristas se compraban chalés de cuatrocientos mil euros, entretanto los bancos concedían hipotecas como quien deshoja margaritas.

Pero no se asusten la boda no ha sido en España, aquí ya no queda dinero ni para el apuntador, mucho menos para bodas, aunque las de alto postín siguen celebrándose no sin cierto recelo y casi en secreto por aquello de ser “austeros” . Porque la cosa esta tan acalorada que habrá a quien incluso comience a asustarle salir a la calle con el bolso de Louis Vuitton, que dependiendo del modelo es un bolso carísimo, que si se vendiera podría alimentar a algunos cientos de personas.

Pero no me quiero desviar del camino, como decía el enlace nupcial se ha celebrado en Brunei, el sultán Hassanal Bolkiah casó a una de sus hijas y se ha gastado la nada desdeñable cifra de 15 millones de euros, los invitados han disfrutado  una semana de actos conmemorativos en la que el derroche y el lujo han sido la nota dominante. Se imaginan ¿Todo lo que podríamos hacer con esa cantidad de dinero? Seguro que sí.

La memoria histórica es muy cruel y no puedo evitar recordar otros momentos en los que felices y emocionados tortolitos españoles se endeudaban para hacer realidad el sueño de una boda principesca casi como la de Brunei: coches de lujo, vestidos carísimos, menús de cinco platos, daba igual si después del viaje de novios había que pasarse 10 años pagando el crédito, eran tiempos de vacas gordas,  donde a golpe de tarjeta de crédito  se solucionaban todos los problemas.

Y sí las bodas requieren gastos, un divorcio aún más, aunque la gente ya no se divorcia por no gastar.

Los matrimonios de este siglo XXI duran muy poco, tanto que en ocasiones es insuficiente con separarse, hay quien va más lejos  y decide  enviar el anillo de boda al espacio; eso es lo que ha hecho una neozelandesa que a falta de relaciones con la NASA fabricó su propio cohete, envolvió la alianza de la discordia  y  lo lanzó al espacio. Según declaraciones a un medio neozelandés para ella "fue estimulante y liberador", por desgracia en este país no podemos liberarnos de la situación, la prima de riesgo sale de paseo cada dos por tres y no sabemos cuándo ha de volver.

Todo son maneras de afrontar los problemas de la vida, unos lanzan cohetes y otros organizan fiestas. Al final si lo analizan fríamente la economía española se parece a un matrimonio roto: comenzamos muy felices la unión con instituciones bancarias, cajas e inmobiliarias, hemos pasado un sonado divorcio con los créditos impagados y ahora igual que las ex parejas que no se entienden, nos tiramos los trastos y echamos las culpas al otro.

Así igual que en las relaciones de pareja que mal acaban, nadie quiere hacerse responsable, todo el mundo es sospechoso de ser culpable y desde luego nadie tuvo la madurez suficiente para responder ante la pregunta, ¿Quiere usted endeudarse con…? decir simple y llanamente  NO.

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