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Bosch, el pianista

jueves 19 de abril de 2012, 10:21h

En las películas del Oste, mientras el pianista tocaba impasible, las balas de los pistoleros agujereaban su bombín, de ahí la frase de "procuren no disparar sobre el pianista", que contradice la película de Truffaut. En el Govern, el pianista es Rafel Bosch, verdadero contrapeso centrista que evita que el barco se hunda, cual Concordia, escorado a la derecha.

Bosch está recibiendo algunos palos de forma totalmente injusta. Una parte muy importante de la contestación  a la política lingüística de Bauzá tiene como escenario los centros educativos, con lazos, asambleas, vídeos, etcétera. Todo ello me parece legítimo -siempre que no responda a imposiciones, claro- y ya he criticado la torpeza de nuestro ejecutivo al entrar al trapo criminalizando la discrepancia más o menos espontánea. Lo que ocurre es que el impulsor y el artífice de esta política -plasmada en la absurda reforma de la Ley de Función Pública- no es Bosch, sino que los protagonistas de este western son, naturalmente Bauzá, Gornés -que anda agazapado, feliz de que los tortazos se los lleve Bosch- y el resto de la facción antimallorquinista del Govern, es decir Gómez, Delgado y algunos diputados del grupo parlamentario que lo sustenta. Bosch tiene el papelón de tener que defender esta política como portavoz y hay que entender que su posición es muy incómoda.

Determinada izquierda aprovecha esa coyuntura para desgastar al conseller, mezclando la Ley de la Función Pública con el complicado asunto de la elección de la lengua materna en la primera enseñanza, que sí está tramitando Educació. En este último tema, Bosch está actuando, por el momento, con sentido común, buscando apoyos y tratando de establecer un sistema viable que no convierta los centros en un guirigay ingobernable, lo cual no es nada fácil. Es un asunto farragoso y en el que se mezclan distintos derechos que hay que saber articular. Lo que ocurre es que el PSIB y el PSM -no me hagan llamarlo por su aberrante denominación completa-, que votaron la Ley de Normalización Lingüística de 1986, aprobada nemine discrepante, no han sido capaces en dos legislaturas de desarrollar lo que dice el artículo 18 de esa ley -el del derecho a aprender a leer y escribir en la lengua propia- y han optado por ignorarlo. Como si dicho artículo, de no aplicarse, fuera a dejar de existir. Si ahora corremos el peligro de que Bauzá y su entorno presionen para que ese desarrollo normativo tenga unos límites inaceptables para los defensores de nuestra lengua propia es sólo responsabilidad de la dejación de la izquierda, que se llena la boca con la sacralización de la LNL pero que pretende ignorar lo que no le gusta de esa Ley.

En cualquier caso, que en este Govern haya elementos como Rafel Bosch sólo puede ser interpretado positivamente, porque las alternativas que se vislumbran dejarían el catalán definitivamente arrinconado.

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