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Cuidado, llega el verano

martes 18 de junio de 2013, 08:46h

EMILIO ARTEAGA. Después de una primavera inusualmente lluviosa y fresca, parece que, por fin, ha llegado el calor, precediendo a la llegada del verano astronómico que, al parecer, este año llegará el día 21 por la mañana, coincidiendo con la fecha tradicional del calendario. La imagen de las playas llenas este último fin de semana indica que había ganas, incluso ansiedad, por empezar a gozar de los placeres de las actividades veraniegas de asueto y diversión. Sin embargo, no se deberían olvidar los peligros para la salud que pueden derivarse de conductas descuidadas o irresponsables, que pueden acarrear graves consecuencias para la salud.

El mayor peligro veraniego para la salud proviene de la exposición a la radiación solar. Nunca se insistirá bastante en el peligro y las consecuencias negativas de la exposición de la piel al sol, sobre todo en la personas de piel clara y muy especialmente en las personas rubias y de ojos claros. Con motivo del día europeo de la prevención del cáncer de piel, el 13 de junio, se han difundido las estadísticas más recientes, que nos dicen que cada año se diagnostican entre dos y tres millones de casos nuevos de cáncer de piel no melanoma. También, que aproximadamente el 90 % de los casos de melanoma se deben a exposición al sol y solo el 10 % a factores genéticos. Hay que tener en cuenta que la radiación que vamos absorbiendo se acumula a lo largo de toda la vida, por lo que es muy importante protegernos desde la misma infancia. Es muy importante que los padres sean muy conscientes de la necesidad de proteger adecuadamente a los niños pequeños, así como concienciar a los adolescentes de que si no toman precauciones pueden pagarlo muy caro más adelante. La radiación solar más peligrosa son los rayos ultravioletas, UV. De ellos hay tres tipos, según la longitud de onda, que son inactivados por la atmósfera, sobre todo por la capa de ozono, en porcentajes diferentes. Los más peligrosos, los UVC, no llegan a la superficie del planeta. Los siguientes más peligrosos, los UVB, son absorbidos en gran parte y solo un pequeño porcentaje llega a la superficie. Finalmente, los menos peligrosos, los UVA, son inactivados en un pequeño porcentaje y la mayoría sí llegan hasta nosotros. Pero que sean menos peligrosos no quiere decir que no sean peligrosos, así que hay que procurar no exponerse al sol en ningún caso. También hay que tener en cuenta que la radiación es muy intensa en las horas centrales del día, cuando el sol está perpendicular y, por tanto, los rayos solares tienen un menor recorrido a través de la capa de ozono, por lo que es particularmente importante no exponerse al sol durante ese periodo del día. Además, hay que tener en cuenta que la radiación solar se refleja en parte en algunos elementos de la superficie terrestre. En la arena, por ejemplo, se refleja el 15 %, lo que quiere decir que, en la playa, recibimos una dosis un 15 % superior. También se debe tener muy presente que en los días nublados desciende la temperatura, pero no la intensidad de la radiación ultravioleta. Las nubes no filtran los rayos UV.

Nuestro comportamiento como sociedad está trufado de contradicciones. Una de las más flagrantes es que, mientras que tenemos un pánico atroz, con razón, a los riesgos de la energía nuclear, no vacilamos en exponernos a la radiación solar, incluso hemos convertido el bronceado en un canon estético y en algo, no solo deseable, sino prácticamente obligatorio, y así nos irradiamos, inconscientes y despreocupados, permitimos que nuestros hijos se irradien y menospreciamos a los que no sigan la costumbre. Cuántas veces no hemos oído frases como: ¡qué blanco estás!, “tienes que tomar el sol”, “pareces enfermo”, u otras similares. ¿Nos imaginamos a alguien diciéndonos: “tendrías que tomar un poco de radiación en un reactor nuclear”, o “vamos a irradiarnos un rato a la bomba de cobalto”?.

Hay que evitar la radiación solar todo lo posible, no exponiéndose al sol, manteniéndose en la sombra, llevando ropa que evite la exposición directa de la piel. Si los niños han de estar en la arena de la playa o en el agua, deben llevar camiseta y protección en brazos, manos, piernas, pies y cara. La cremas protectoras deben ser de alto nivel, para UVB y UVA, deben aplicarse sobre la piel seca y un rato antes de exponerse al sol y se deben reponer a menudo y especialmente después del baño, diga lo que diga la propaganda comercial. Y lo más recomendable, consulten al dermatólogo, que son los que de verdad entienden de los riesgos y de los métodos mejores para protegerse de los efectos dañinos del sol.

Quizás algún día, si sigue disminuyendo el grosor de la capa de ozono, tendremos que poner en las playas letreros con el símbolo internacional de peligro de radiación.

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