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DEL GENOMA A LA CLÍNICA

martes 25 de septiembre de 2012, 09:39h

Cuando hace doce años el Proyecto Genoma Humano, internacional y de financiación pública y la empresa privada estadounidense Celera Genomics, anunciaron en una rueda de prensa conjunta, a la que asistieron el presidente Bill Clinton y el primer ministro Tony Blair, que habían completado sus respectivos proyectos de secuenciación del genoma humano, la propia Casa Blanca emitió un comunicado de prensa en el que expresaba su esperanza de que ese logro sin precedentes “conduciría a una nueva era de medicina molecular que abriría nuevos caminos para la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y la curación de las enfermedades”. El propio Bill Clinton, en un breve discurso, afirmaba que “con este profundo conocimiento nuevo, la humanidad está a punto de ganar un inmenso poder para curar. La ciencia de la genómica va a tener un impacto real en nuestras vidas y, más aún, en las de nuestros hijos. Va a revolucionar el diagnóstico, la prevención y el tratamiento de la mayoría, sino todas, las enfermedades del ser humano”.

Algo más de diez años después las expectativas no han acabado de hacerse realidad. La puerta hacia una auténtica revolución de la medicina sigue abierta, pero tardará más de lo esperado en un primer momento, lo que, por otra parte, es habitual en el avance científico de la humanidad. Los impacientes que esperasen resultados inmediatos estarán decepcionados, pero deberían recordar la denominada ley de Amara, por Roy Amara, científico que fue presidente del Institute for the Future, a veces (mal)llamada primera ley de la tecnología, que dice que “siempre tendemos a sobrevalorar los impactos a corto plazo de las nuevas tecnologías y a infravalorar sus efectos a largo plazo”.

Los avances científicos en el campo de la genética y la genómica en estos doce años han sido espectaculares. Los avances en la tecnología de secuenciación y su abaratamiento han permitido establecer las secuencias completas de muchos animales, plantas, hongos y microbios. El proyecto Hap Map completó, en apenas tres años, un catálogo de variaciones genéticas individuales, lo que se denominan polimorfismos de un solo nucleótido (SNP en inglés), en personas de origen europeo, africano y asiático (chinos y japoneses), con la impresionante cifra final de 10 millones de SNPs, 40 % de ellos polimórficos. La identificación de estos SNPs es imprescindible para poder luego realizar estudios de posibles conexiones de los mismos con enfermedades concretas. El Proyecto 1000 Genomas está completando el mapa de la secuencia completa de más de 1.000 personas, con el objetivo de disponer de un catálogo amplio de la variedad genética humana. El proyecto ENCODE, sigla inglesa de Enciclopedia de Elementos del DNA, tiene el objetivo de entender el funcionamiento del genoma, algo mucho más complicado que solo secuenciarlo. Este proyecto ha alcanzado amplia notoriedad en los medios de comunicación mundiales en estas semanas, porque han hallado algunos de los mecanismos de control y regulación de los genes, que pueden estar relacionados con algunas enfermedades y que residen en la llamada materia oscura del genoma humano, denominación preferible a la absurda de ADN basura, que no debería utilizarse. De hecho, solo el 1,5 % del genoma humano son genes, el 98,5 % restante no sabíamos exactamente que es, pero ahora estamos empezando a averiguar que tiene la importantísima función de control y regulación, activación y desactivación y modulación del funcionamiento de los genes. Estos y otros estudios en marcha están refinando el conocimiento del genoma humano, identificando la localización de genes y sus patrones de funcionamiento, conexión y desconexión.

Todo ello forma la base imprescindible para poder avanzar en las aplicaciones médicas, pero el paso de la investigación básica a la clínica no es sencillo. Los estudios denominados GWAS (del inglés genome-wide association studies), nombre que ha tenido diversas traducciones en español, bastante insatisfactorias, yo prefiero la adaptación al español de la traducción francesa: estudios de asociación pangenómica, han encontrado un número asombroso de variaciones del ADN que tienen, o pueden tener, relación con el riesgo de desarrollar enfermedades como la diabetes, cáncer, enfermedades cardíacas, autoinmunes, degenerativas, etc. A pesar de todo, las aplicaciones en medicina clínica son, hasta el momento, limitadas. Se han hecho algunos avances significativos e importantes, sin duda: se han desarrollado algunos fármacos efectivos contra algunos tipos de cáncer, se han desarrollo pruebas genéticas que permiten predecir la necesidad de quimioterapia en cánceres de mama, se han identificado los factores genéticos de riesgo de la degeneración macular, se han detectado marcadores que pueden predecir la respuesta las personas al tratamiento con algunos medicamentos, se han detectado mutaciones que predicen resistencia al tratamiento con anticuerpos monoclonales contra el receptor del factor de crecimiento epidérmico en cánceres de colon metastásicos, así como se han identificado algunas variaciones genéticas de riesgo para ciertos cánceres en determinadas poblaciones, pero no son sino una mínima parte de lo que se esperaba. Uno de los investigadores principales del Proyecto Genoma Humano, Francis Collins, escribía diez años después: “a pesar del gran número de variaciones del ADN detectado con los GWAS, solo se ha identificado una pequeña parte de los mecanismos hereditarios de las enfermedades más frecuentes, así que nuestra capacidad de realizar predicciones significativas es muy limitada, pero es probable que esta dinámica cambie en los próximos años, cuando vayamos dilucidando la función de la materia oscura del genoma, junto con la mejora y el menor coste de las técnicas de secuenciación pangenómica, lo que llevará a un incremento sustancial de nuestra capacidad de predicción de riesgos de enfermedades y de repuesta a los medicamentos”.

Para que todo esto se haga realidad, es necesario que, en los próximos años, continúe la financiación pública y privada de proyectos de investigación básica y aplicada, así como de desarrollo de tecnologías de secuenciación y genómica funcional, así como que los datos de la secuenciación sean de acceso libre, gratuito e inmediato. También deben continuar los estudios de detección e identificación de los factores genéticos y medioambientales de riesgo, de biomarcadores, de objetivos potenciales de tratamiento farmacológico para enfermedades frecuentes y también, y es especialmente importante, para las denominadas enfermedades raras y, como no, será necesario que las instituciones internacionales, los gobiernos y los parlamentos adopten medidas políticas y legislativas que prevean el estímulo al desarrollo y diseminación de todos estos avances, programas educativos para el profesional sanitario, la protección del derecho a la privacidad individual y que no supongan un obstáculo para todo ello.

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