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¿VACUNARSE O NO VACUNARSE?

martes 23 de octubre de 2012, 11:51h

Empieza la temporada de vacunación de la gripe y ya estamos de nuevo a vueltas con la polémica: vacunas ¿ sí o no?. Existe un importante movimiento anti-vacunas, con asociaciones en muchos países, muy beligerantes, que pretenden convencer a las buenas gentes de los perjuicios y maldades de las vacunas y de los beneficios de no vacunarse.

Uno de los argumentos que suelen aducir, es que la humanidad ha convivido con los gérmenes durante milenios y que los niños llevan desde la noche de los tiempos infectándose de modo natural y que ello estimula su sistema inmunológico. Ello es cierto, como también lo es que los niños llevan milenios muriendo de infecciones naturales, o quedando gravemente lisiados o impedidos como consecuencia de las mismas, lo que, además, hace que la estimulación de su sistema inmunológico resulte inútil. También dicen que las enfermedades infantiles son procesos leves, que no suelen poner en riesgo su vida y que después confieren inmunidad y que las vacunas producen efectos secundarios que pueden ser incluso peores que la infección natural;

Pero no es cierto, los efectos secundarios se producen en un porcentaje muy bajo y son muy leves en comparación con las infecciones naturales. La tosferina, la difteria, el tétanos, el sarampión, la rubeola, la poliomielitis y la viruela, entre otras infecciones y toxiinfecciones prevenibles mediante vacunación, han matado o dejado secuelas graves a millones de niños desde que aparecimos como especie. Lo mismo puede aplicarse en el caso de los adultos.

La viruela, uno de las enfermedades infecciosas más mortíferas de la historia de la humanidad, ha sido extinguida gracias a las vacunas. De hecho, se trata de un logro único, la erradicación total de la faz de la Tierra de un patógeno responsable de innumerables muertes y secuelas incapacitantes y desfigurantes. La poliomielitis, responsable de epidemias periódicas, que afectaban sobre todo a niños, pero también a adultos, con una tasa de mortalidad elevada y aún más elevada de gravísimas lesiones permanentes, ha disminuido hasta casi desaparecer en los países desarrollados y se ha conseguido su drástica reducción en muchas áreas subdesarrolladas, allí donde se ha podido implementar proyectos de vacunación masiva. También habíamos conseguido la casi desaparición del sarampión, de la tosferina, del tétanos, de la difteria, de la rubeola. Desde la introducción de la vacuna de la hepatitis B se ha reducido enormemente su incidencia y la vacuna contra el Haemophilus influenzae tipo b ha supuesto una disminución radical de la infección invasiva por dicho germen, especialmente la meningitis

Sin embargo, los anti-vacunas argumentan que, en realidad, han sido las mejoras en las condiciones higiénico-sanitarias y en la alimentación las que han conseguido la disminución de las enfermedades infecciosas. Por supuesto que una mejor higiene colectiva, el consumo de alimentos y agua sanitariamente garantizados y una buena alimentación contribuyen a la mejora de la salud de la población y al decremento de algunas enfermedades, pero la causa principal han sido las vacunas. Cuando se erradicó la viruela de sus últimos focos en la India y Etiopía, las condiciones higiénico-sanitarias y alimentarias de las poblaciones no eran mejores que antes, en algunos casos incluso habían empeorado por sequías o hambrunas, pero tras vacunar a la totalidad de las personas de esas zonas, la viruela, al fin, desapareció. Yo nací en 1951 y recuerdo que siempre he tenido compañeros de clase con poliomielitis. En la facultad de Medicina, por ejemplo, en mi promoción éramos 125, cinco de los cuales tenían secuelas de la polio, tres de ellos muy incapacitantes. A finales de los 50 llegó la vacuna Salk y mi madre nos llevó a mi y a mi hermano a un pediatra a vacunarnos, a un alto coste para la época, aún no existía un auténtico sistema público de asistencia sanitaria. Aún recuerdo el dolor de las inyecciones (2 dosis), que nos administraron en la espalda. Mi hermano es cuatro años más joven que yo y él no tuvo compañeros con secuelas de polio, porque ellos tenían de dos a cuatro años cuando se dispuso de la vacuna y ya muy pocos contrajeron la enfermedad. Sin embargo, las condiciones higiénico-sanitarias y alimentarias no habían cambiado sustancialmente en esos cuatro años, lo que cambió fue la introducción de la vacuna. Del mismo modo, las condiciones de las zonas de los países subdesarrollados donde se implementan proyectos de vacunación de la poliomielitis, no son diferentes, no son mejores, que las de las zonas donde aún no se ha podido llegar con dichos proyectos y, sin embargo, tras la vacunación, la polio desaparece. Si alguien está interesado en comprender lo que puede llegar a significar una epidemia de poliomielitis en una comunidad, puede leer la novela Némesis, de Philip Roth, un relato escalofriante y, como es habitual en Roth, extraordinariamente bien escrito, de la epidemia de 1944 en Newark, Nueva Jersey.

Lo mismo es aplicable a otras enfermedades y la causa de la reaparición y los rebrotes de algunas de estas enfermedades en nuestros países, el sarampión, la tosferina, la difteria, la rubeola, por ejemplo, es que se ha llegado a un porcentaje crítico de personas sin vacunar, ya que se requiere un porcentaje mínimo de personas inmunes, que varía según el germen, pero que los expertos cifran en alrededor del 95% para muchos virus, para que el microorganismo deje de circular. Es así como se consigue la práctica desaparición de la enfermedad y el efecto, aparentemente paradójico, de que los no vacunados tampoco contraigan la infección, que es otro argumento falaz que esgrimen los contrarios a las vacunas: “yo no me he vacunado y no me he infectado, luego la vacuna no es necesaria”, cuando la realidad es que están protegidos por la inmunidad de la mayoría, una especie de inmunidad de grupo, pero, que nadie se llame a engaño, si el microorganismo vuelve a circular, los no inmunes son los que están en máximo riesgo de infectarse. Esta es la razón de la necesidad de que las vacunaciones sean masivas ya que, de lo contrario, no se consigue esta “inmunidad grupal”.

Pero el gran argumento contra las vacunas son sus posibles efectos perjudiciales. Los movimientos anti-vacunas alcanzaron su máxima efervescencia en 1998, cuando Andrew Wakefield publicó un estudio en The Lancet, una de las dos más prestigiosas revistas médicas generalistas del mundo, en el que pretendidamente demostraba una posible relación causal entre una forma de autismo y la vacuna triple vírica. Ello causó un impacto mundial y propició que muchas personas de buena fe se pasaran a las filas de los contrarios a las vacunas. Sin embargo, con el tiempo se ha demostrado que Wakefield falseó los datos y que lo hizo deliberadamente, lo que ha provocado que The Lancet haya retirado el artículo y haya reconocido que nunca debió publicarlo, así como que a él le hayan retirado la licencia para ejercer de médico en el Reino Unido. Otros estudios posteriores no han podido encontrar ninguna relación entre la vacuna y el autismo. A pesar de toda la evidencia, muchos anti-vacunas siguen utilizando el artículo en su argumentación y afirman que Wakefield ha sido víctima de una conspiración patrocinada por la industria farmacéutica.

Los efectos perjudiciales graves de las vacunas son extraordinariamente raros, pero algunos riesgos hay, por supuesto, como en todos los tratamientos médicos y quirúrgicos. Siempre hay un riesgo, que es por cierto mucho menor que el que corremos al salir cada día a la calle y menor aún que coger cada día el coche y salir a la carretera y no por ello dejamos de salir, ni dejamos de conducir.

Mi mujer y yo, como cada año, nos vamos a vacunar de la gripe. En su momento vacunamos a nuestros hijos con todas las vacunas indicadas en el calendario vacunal y hemos recomendado a nuestras hijas que vacunen a nuestros nietos, cosa que ambas han hecho. Cada quien que decida lo que crea oportuno, pero que lo haga después de haberse procurado una información suficiente, completa y fiable, no en función de informaciones sesgadas, medias verdades, argumentos irracionales, supercherías, elucubraciones fantasiosas, teorías de la conspiración y esoterismos de diverso pelaje.

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