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¿Éxito seguro en juicios de preferentes?

viernes 27 de diciembre de 2013, 08:01h
Nadie puede poner en duda que las participaciones preferentes están en boca de todos desde hace tiempo, al haber constituido a buen seguro uno de los mayores escándalos que se han vivido en España.

Como bien sabréis, numerosos clientes de participaciones preferentes solicitaron que su caso fuese resuelto por vía arbitral. En el caso de Bankia, por ejemplo, una Auditora decidió acerca de la admisión de las solicitudes y, con posterioridad, una Junta de Consumo decidirá si procede o no la devolución de la cantidad invertida en preferentes por el consumidor.

Otros consumidores, por su parte, se aventuraron a interponer demandas judiciales frente a las entidades financieras. Unos han ganado y otros han perdido, pero ante la tendencia generalizada que se ha creado en torno a que las demandas de preferentes “se ganan fácilmente”, me gustaría que conocierais una reciente sentencia de una Audiencia Provincial de Salamanca de 27 de noviembre de 2013 que, en contra de lo que pudiera pensarse, da la razón a Bankia frente a un portero de fincas de 76 años y con únicamente los estudios elementales cursados.

El principal problema de interponer una demanda y perderla es que el que pierde puede ser condenado a abonar las costas del que gana, en lo que se llama el principio de vencimiento objetivo. Si bien es cierto que en ocasiones los jueces suelen moderar la aplicación del anterior principio cuando hay dudas de hecho o de derecho, el consumidor debe conocer que si perdiera, además de no recuperar su inversión, podría verse obligado a abonar unas cuantiosas costas al banco.

En segundo lugar, por lo que estamos viendo los bancos que pierden las demandas de preferentes en primera instancia están recurriéndolas luego ante las Audiencias Provinciales, por lo que el principal escollo para los demandantes será que las referidas Audiencias confirmen las sentencias que se dicten en primera instancia.

Vayamos a la Sentencia en cuestión.

El inversor solicitaba la nulidad de su compra de participaciones preferentes alegando que hubo un error en su consentimiento, manifestando que el banco no le informó de que estaba adquiriendo un producto de riesgo elevado, a perpetuidad, ilíquido y complejo. Por enumerar los principales ejes sobre los que la citada Audiencia fundamenta su Sentencia, que son los mismos que deberá tener en cuenta cada inversor que se decida a demandar, a continuación se indican:

1.- Experiencia inversora: la sentencia pone en valor el hecho de que el inversor hubiera adquirido con anterioridad otras  inversiones, tales como participaciones preferentes de Endesa, alegando que por lo tanto conocía el producto.

2.- Error en el consentimiento: la sentencia manifiesta que si bien es cierto que el inversor contaba con 76 años de edad, era portero de finca y solamente había cursado los estudios elementales, no lo es menos que “estaba en pleno uso de sus facultades mentales” y “pudo leer el documento que firmaba con las condiciones de la operación”. En síntesis, que no se acreditó que “la inteligencia del inversor estuviera limitada por tener 76 años y ser portero de finca” y que, si hubo un error, “fue por no leerse los documentos”.

3.- No lectura de los documentos: la Audiencia indica que el inversor no puede descargar en el Banco la responsabilidad de no haber leído los documentos, pues afirma que los mismos describen de manera “clara, terminante y transparente los riesgos que derivan de la adquisición de participaciones preferentes”, afirmando que “no hace falta ser un experto en mercados financieros para entenderlo”. Es decir, la Audiencia no ampara a quién no se lee los documentos alegando que confiaba en su banco.

En todo caso, la sentencia deja una frase a mi juicio contradictoria con su decisión de fondo, al manifestar que “en las relaciones con los bancos hay que ser cauto por la posibilidad de que incluyan cláusulas que siempre vayan en su favor”. Pues bien, suscribiendo la anterior precaución, me parece inaudito que una Audiencia Provincial descargue en los ciudadanos la necesidad de “revisar” que el banco no te “cuele” alguna estipulación en su favor simplemente porque “lo suelen hacer”.

Por otro parte, quiero que quede claro que la sentencia no refleja en modo alguno mi opinión, pudiendo pecar de dejar el listón demasiado elevado en cuanto a los requisitos que se precisan para acreditar que el consumidor padeció efectivamente un error en su consentimiento. Si bien, aunque mi opinión difiera, creo necesario que todo inversor analice con cautela todas sus circunstancias antes de lanzarse a una demanda.

En modo alguno estoy tratando de que los inversores se aquieten ante los bancos (de hecho, vivo de lo contrario) pero creo éticamente necesario advertir de los aspectos positivos y negativos de embarcarse en un procedimiento judicial.

Mi compañera Cristina Sterling, la abogada que a mí juicio más y mejor conoce este tipo de productos pues lleva años batallando frente a las entidades financieras, opina lo siguiente en cuanto a los aspectos que debe conocer un consumidor antes de demandar a un banco:

“Es imperativo que el inversor tome con mucha cautela su decisión, siendo plenamente conscientes de los riesgos en que incurre demandando.

Solo le faltaría ahora que adoptara su decisión de demandar sin conocer la naturaleza y riesgo de un pleito, incurriendo en los mismos defectos que en la contratación de las participaciones preferentes”.

Para quién quiera más información, os dejo indicado el blog de Cristina, en el que podréis conocer y consultar casos, sentencias e información sobre el tema con mayor detalle. http://cristinasterling.es/

Felices fiestas a todos,
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