4 de abril de 2020, 12:14:59
EDITORIAL


El vodevil de la infanta



El caso Nóos, o ya caso Intanta, según se mire, ha llegado al pináculo del paroxismo, del esperpento nacional, de lo nunca visto. En su declaración ante el juez Castro pronunció 550 evasivas, 400 "no lo sé" y 50 "no me acuerdo". A eso lo hace cualquier otro ciudadano imputado y se le cae encima todo el peso de la justicia. Pero en este asunto hasta el fiscal ha tenido que negar que sea suyo un documento publicado por la revista Interviu donde Horrach aconseja a los defensores de la Infanta y a instancia superiores qué hay que hacer para "no sulfurar" a la opinión pública. Sea o no veraz este escrito, lo cierto es que todo nuevo capítulo del vodevil infanta constituye más y más ácido sulfúrico vertido sobre la conciencia del cuerpo social.

Cada paso que se da embrolla el cotarro hasta hacerlo irreconocible. Todo el mundo sabe el final del culebrón: Cristina será solemnemente desimputada, probablemente por la Audiencia, después de la contumacia de Castro por citarla a declarar. Es un desarrollo procesa más conocido que el Bolero de Ravel.

El problema es que para llegar a este punto de teórico paroxismo exculpatorio sus partidarios le han puesto a Cristina una alfombra que ha acabado repleta chinchetas. La Infanta tiene el apoyo del Fiscal General del Estado y del fiscal del caso. Con estos mimbres en otras circunstancias no habría caso. Pero en este asunto han pasado cosas rarísimas en los últimos días. La declaración fue grabada en video en el interior de la sala de forma clandestina y ante la impotencia de 200 policías que rodeaban el edificio. Además se ha filtrado un supuesto documento que de ser cierto podría poner en peligro de nulidad todo el  proceso al convertir al fiscal no sólo en el férreo defensor de la hija del jefe del Estado, sino también en el asesor jurídico de todas las partes empeñadas en desimputar a Cristina.

En conjunto, esta nebulosa enturbia el asunto y lo conduce hacia los inexcrutables páramos del absurdo. Tal estrambótica situación está generando una sociedad de descreídos, muchos de los cuales  tardarán lustros en recuperar su fe en el Estado de Derecho, sustentado en los principios básicos de la democracia.  Habrá que ver en qué condiciones termina este serial de the end anunciado.

Ya no es la desimputación de la infanta lo que importa. Lo verdaderamente trascendente es la inmensa e inerte llanura de tierra quemada que dejará a su alrededor este tragicómico vodevil.
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