31 de marzo de 2020, 4:39:47
EDITORIAL


La inocentada del 23-F



La Sexta convirtió en tontos durante cerca a una hora a más de cinco millones de espectadores con la emisión, este domingo, del programa Operación Palace, conducido por Jordi Évole, donde afamados personajes (políticos, artistas y periodistas) certificaron que el 23-F fue un montaje para abortar cualquier intentona golpista de verdad. Durante mucho tiempo se tomó el pelo a los boquiabiertos espectadores. Todo había sido una farsa, un montaje, desde la dimisión de Adolfo Suárez hasta el hecho de que Suárez y Carrillo no se movieron de sus escaños cuando sonaron las ráfagas. Fue una burla al pueblo español, una inocentada en pleno febrero, únicamente para demostrar el poder de la televisión, capaz de transformar la mentira en verdad y viceversa,

En realidad, Operación Palace fue una burla a los ciudadanos, que tal vez desde el domingo se sienten un poco más tontos. Pase que nos hayan metido en una crisis económica sin precedentes; pase que contemplemos cómo el Gobierno español ha perdido la soberanía y está a las órdenes del alemán; pase que este país ya no tenga ni moneda, ni norte, ni casi esperanza. Pero lo insoportable es que encima el regodeo y la burla campen por sus anchas. El franquismo montó la televisión en los años 50 del siglo pasado y se pasó casi dos décadas haciendo creer a aquellas generaciones domadas y sometidas que los Principios Fundamentales del Movimiento  eran verdades inmutables. Llegó a convertir la agonía y los funerales de Franco en la reedición del ascenso a los cielos de la Vírgen María. Mintieron y manipularon con total impunidad. Inyectaron el desprecio a la verdad, que tan adversa era el dictador.

Mucha gente conectó el televisor el domingo esperando una revelación extraordinaria. ¿Estaba el Rey implicado?  ¿Se descubrirá quién fue el Elefante Blanco? No. Fue pura farsa. Una innoble mentira. La verdad es revolucionaria; la mentira, jamás. La falsedad, aunque disfrazada de broma, es el peor de los reaccionarismos. La exaltación de la mentira es la más denigrante forma de la cobardía. Es la más patética manera de tratar a un pueblo de infantil, de inmaduro y de corto de luces.

Y puestos a tomarnos la realidad a chirigota, ¿porqué no prepara Évole una programa sobre la Infanta Cristina asegurando que Nóos era una comedia montada por Urdangarín para descubrir corruptos? ¿Porqué no nos hacen creer que  Cristina y su marido son dos patriotas que se dedicaban a destapar todos los que les regalaban dinero fácil?

Puestos a timar, a engañar o a estafar, todo vale. ¡Vivan los trileros!

Al fin y al cabo, un pueblo que sobrevive angustiado y cabizbajo con más de un 25% de paro, es carnaza para la befa. Es la resignación de los corderos.

Los más sagrados principios del periodismo, centrados en la búsqueda de la verdad, han sido conculcados. Évole no cree en el periodismo. Es un devoto del show para ganar audiencia. Cuando regrese a la búsqueda de la verdad, dará risa. La daremos todos.

 
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