10 de abril de 2020, 9:11:56
EDITORIAL


Rubalcaba mantiene firme el pulso



Alfredo Pérez Rubalcaba dejará el mes que viene la secretaría general del PSOE con el pulso bien firme. Se ha movido como un jabato estos días para que no haya la más mínima fisura en sus filas este miércoles en el Congreso en la solemne votación de la ley orgánica que ha de permitir proclamar a Felipe VI. No consentirá ni goteo de votos díscolos ni tan solo malas caras. Ya muy próximo a su retirada de la primera línea política, quiere pasar a la Historia como el líder que aguantó los pilares del bipartidismo hasta el último segundo para garantizar un relevo sin mancha y consensuado en la jefatura del Estado.

Felipista de la primera hora, Rubalcaba es consciente que la época de su generación está pasando y que una nueva hornada de socialistas se prepara para asumir la dirección de la cúpula del centenario partido. Lo tendrán difícil porque han de evitar pérdidas masivas de votos hacia su izquierda tal y como pasó en las Europeas. Pero antes ha de primar el sentido de Estado. El Grupo Parlamentario Socialista ha de votar sí a la nueva ley sin el menos asomo de duda y sin ambigüedades dialécticas.

Es muy probable que la precipitada abdicación de Juan Carlos tenga mucho que ver con su dimisión de secretario general del PSOE, que ponía en peligro el bipartidismo y el consenso constitucional surgido de la transición. El rejuvenecimiento se impone. Pero éste ha de pasar primero por la llegada al trono del joven Rey Felipe. Así se evitan veleidades como  las tentaciones republicanas de algunos noveles dirigentes y parte de las bases socialistas.

Con Felipe VI asentado, el PSOE podrá hacer todo el debate interno que quiera sobre el futuro. Pero no antes.  Con su pulso firme y decido, Rubalcaba rinde estos días su último gran servicio a a Corona, que inició en los años ochenta cuando fue nombrado alto cargo del Ministerio de Educación y en sus posteriores etapas de ministro y vicepresidente.

La disciplina de voto que ha ordenado a los suyos es inalterable, serena y decidida. Se quiere retirar con la conciencia tranquila de que ha sido un estadista del primero al último de sus días como servidor público aunque jamás haya conseguido llegar a ser presidente del Gobierno. Pero su aportación ha sido tan importante que será recordado como si lo hubiera sido. La Corona de España tiene una indudable deuda de gratitud hacia él, hacia su obra y hacia su rectitud política.
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