19 de septiembre de 2019, 7:21:58
SANIDAD

población sumeria


En Mesopotamia ya había cerveza y dieta medierránea

Por EUROPA PRESS


dieta

La dieta mediterránea, declarada Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO desde 2010, siempre ha estado unida al consumo de la cerveza, bebida fermentada que, junto al vino y la sidra, surgió a la par que la agricultura por la fermentación espontánea de la cebada, trigo, uvas o dátiles. De hecho, numerosos historiadores afirman que la población sumeria de la antigua Mesopotamia fue la primera civilización que comenzó a consumir vino y cerveza, incluyéndolos dentro de su alimentación habitual con la intención de evitar la ingesta de aguas no higienizadas. Así, durante siglos, su consumo se extendió por toda la cuenca del mediterráneo, desde los egipcios, pasando por los griegos y romanos hasta la Edad Media.

Desde entonces y hasta la actualidad, las bebidas fermentadas se consumen habitualmente en los países mediterráneos. En este sentido, los hallazgos más remotos de restos arqueológicos de cerveza de Europa se encuentran en España, en la cueva de Can Sadurní situada en Begues (Barcelona). Las bebidas fermentadas están elaboradas exclusivamente a partir de la fermentación de alimentos como la uva, los cereales, los frutos carnosos o bayas, por lo que poseen una baja graduación alcohólica. Esto se debe a que la fermentación de sus materias primas mantiene inalterados muchos micronutrientes de los ingredientes naturales que les dan origen como las vitaminas, los antioxidantes, la fibra y los minerales. En concreto, estas bebidas contienen entre 4 grados y 5 grados en el caso de la sidra o la cerveza y entre 12 grados y 15 grados en el caso del vino.
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