7 de diciembre de 2019, 9:38:33
EDITORIAL


Un gobierno solvente al que le costará gobernar y que piensa en las elecciones



Se ha producido un amplio consenso a la hora valorar el gabinete formado por Pedro Sánchez como un gobierno solvente, un equipo integrado por figuras políticas de peso, técnicos de reconocido prestigio y profesionales de éxito en sus respectivos campos. Un Gobierno con credenciales suficientes al que, sin embargo, le será muy difícil gobernar, dada la fragilidad parlamentaria que representan los 84 diputados del PSOE en el Congreso y los muchos equilibrios que deberá hacer para contentar a aquellos que decidieron apoyar a Sánchez frente a Rajoy, mientras gobierna con los presupuestos elaborados por el PP.

Con su formación, Pedro Sánchez parece querer enviar diversos mensajes. El nuevo gabinete marca una indiscutible posición europeista, ortodoxa en lo económico, nada dudosa en términos de integridad territorial y claramente decantada a favor de la igualdad, lo que queda patente con la aplastante mayoría de ministras frente a ministros por primera vez en los 40 años de democracia. Que de los gestos pueda pasar a la gestión es la gran duda que se irá resolviendo en los próximos meses si Sánchez se ve capaz de avanzar en una legislatura a la que aún le quedan dos años.

Precisamente este horizonte electoral no parece ajeno a la formación del "dream team" de Sánchez. La conformación del nuevo ejecutivo, exclusivamente socialista, representa una apuesta del PSOE por recuperar protagonismo en el centro político, el sustrato social que le permitió gozar de históricas mayorías. En este sentido, la elección de determinadas figuras como Borrell o Grande-Marlaska consigue tapar el flanco por el que Ciudadanos crecía en las encuestas, dejándole sin discurso, mientras que la apuesta por el feminismo, por la igualdad, y por las causas sociales le permite hacer lo mismo por el flanco de Podemos, en el que el propio Pablo Iglesias parece descolocado señalando que Sánchez "ha tardado 24 horas en olvidarse de nosotros". Si a esto le añadimos la propia sustitución del PP por el PSOE estamos ante una imagen en la que el bipartidismo, liquidado en las últimas elecciones, parece redimirse.

En clave balear, el nuevo ejecutivo nacional permite también algunas lecturas. La primera, evidente, es que el nuevo presidente no ha seguido el consejo de Armengol de formar un gobierno "a la balear", optando Sánchez por un gabinete monocolor con la incorporacion de algunos independientes, sin verse constreñido por el reparto de cuotas entre socios que limita a Armengol en muchas de sus decisiones o nombramientos.

La segunda, más importante, es el nulo peso de los socialistas baleares en la formación del nuevo Consejo de Ministros, por mucho que desde el PSIB se lance el mensaje de que es más importante la agenda política que las personas. Habrá que esperar al nombramiento de los segundos o terceros niveles. Mientras tanto, la política turística ha ido a parar a una madrileña y la determinante cartera de Hacienda, con la que habrá que volver a luchar el REB, en manos de una ministra andaluza que, por sus declaraciones anteriores, ha levantado más de una suspicacia en los despachos del Consolat.

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