21 de octubre de 2019, 2:44:34
POLÍTICA

Gari Durán, vicepresidenta de Sa Fundació Jaume III


"La izquierda emplea el movimiento feminista en su beneficio"

Por Josep Maria Aguiló

La actual vicepresidenta de Sa Fundació Jaume III, Gari Durán (Melilla, 1963), cuenta con una dilatada trayectoria profesional, no sólo en el campo de la política, sino también en el ámbito de la defensa de los valores que tienen que ver con la vida de las personas. Doctora en Historia Antigua, ocupó distintos cargos de relevancia en el seno del PP, incluido el de senadora. Hace dos años, decidió abandonar la formación popular al estar en desacuerdo con su giro ideológico. Más allá de la política, Gari Durán ha luchado y sigue luchando por «la defensa de las libertades, la vida y la dignidad de los seres humanos».


¿Cuáles son los objetivos de Sa Fundació?

El objetivo esencial de Sa Fundació es la dignificación y promoción de las modalidades lingüísticas y de la cultura de las Islas Baleares. Consideramos que por parte de las autoridades no se está cumpliendo el mandato constitucional y el del Estatuto de Autonomía de proteger y promover esas modalidades lingüísticas. Por ello, existe el peligro de que dichas modalidades acaben desapareciendo tras haber sido relegadas sólo al registro hablado.

¿Todavía es posible recuperar la normalidad lingüística?

Creo que sí. Lo primero sería pedir un cambio de denominación en relación a la lengua en el Estatuto de Autonomía, básicamente porque la decisión de cómo designas una lengua es una decisión política, no filológica. Es algo que seguiremos defendiendo. Por otro lado, en el actual ámbito legal, posibilista, vemos un interés cada vez mayor por parte de la gente de Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera de poder recuperar la dignidad en su hablar. La gente cada vez es más consciente de todo esto, de lo que implicaría política y sentimentalmente ir perdiendo una lengua que gracias a la insularidad se ha conservado con una riqueza que se tiene que mantener. Estamos hablando de una lengua muy digna que es empleada en la Administración, la literatura, la ciencia y en cualquier ámbito de la vida de los ciudadanos.

¿Deberían unirse las entidades isleñas que comparten objetivos?

En el caso de Societat Civil Balear o de Mos Movem, por poner dos ejemplos concretos, su finalidad no es exactamente la misma que la nuestra, aunque es cierto que compartimos determinados objetivos. Así, cuando desde Sa Fundació defendemos las modalidades lingüísticas y la cultura de Baleares, esa posición tiene de algún modo un cierto contenido político, de crítica hacia el abandono que los gobernantes han hecho de esas modalidades y de rechazo hacia la idea de «una lengua, un país». Dicha idea es el eje de quienes hablan de la existencia de los supuestos «Países Catalanes».

Hay puntos de encuentro, entonces...

Sí, efectivamente. Coincidimos con Societat Civil Balear y con otras entidades en defender que el bilingüismo ha existido en las Islas de una manera normal durante siglos. También coincidimos en criticar la negación que se hace de las modalidades lingüísticas isleñas, tan dignas para hablar como para escribir. En cualquier caso, que haya diversas entidades que comparten objetivos no es malo. Al final se trata de que ante los problemas importantes todas aportemos nuestro granito de arena y cada una desde su punto de vista. Desde Sa Fundació, por ejemplo, apostamos muy fuerte por el aprendizaje de la lengua mallorquina y menorquina. Y la verdad es que hemos tenido mucho éxito, porque hemos visto que tanto la gente joven como la gente mayor tiene muchas ganas de aprender a escribir como han hablado siempre sus abuelos, que son los guardianes de palabras y de expresiones que podrían llegar a perderse. Con la lengua ibicenca aún no hemos empezado, pero tenemos la idea de hacerlo en breve.

Sa Fundació tiene un libro de estilo...

Así es, tenemos un libro de estilo, que por mucho que digan está dentro de la ortodoxia lingüística más absoluta, incluso de la del Institut d'Estudis Catalans —sonríe—. Sorprendentemente, lo que pasa en Baleares es que lo que los lingüistas catalanes aceptan, las autoridades isleñas no lo permiten. De ahí que a veces nos llamen «incultos», «gonelles» o incluso «fascistas». Lo cierto es que defendemos el uso de determinados artículos, formas verbales y vocablos que son absolutamente correctos y muy dignos para ser empleados en la literatura, en las obras científicas o en cualquier ámbito. Además, hemos creado dos premios literarios de relatos cortos, el «Gabriel Maura», en lengua mallorquina, y el «Joan Benejam», en lengua menorquina. Cada vez se apunta más gente a dichos premios y la calidad de los relatos es también mayor. Esas narraciones no están sólo centradas, por cierto, en «coverbos» y «rondalles».

¿Qué piensa del problema del adoctrinamiento en las escuelas?


El problema del adoctrinamiento no es nuevo, pues de hecho fue detectado hace ya tiempo en libros de texto específicos. La verdad es que desde hace una veintena de años se está explicando lo mismo en determinados libros de Lengua y Literatura Catalana y de Historia. Sin embargo, el surgimiento del «procés» en Cataluña ha hecho que el problema del adoctrinamiento en Baleares o en la Comunidad Valenciana se ponga ahora sobre la mesa. La situación política, mala en sí misma, ha tenido paradójicamente un efecto positivo, el de que la gente empiece a conocer cuál es la situación educativa real en el Archipiélago. Hay que recordar, en ese sentido, que Societat Civil Balear presentó hace tres semanas el avance de un informe que ha hecho sobre 32 libros de texto utilizados en el 80% de los centros públicos y concertados de la Comunidad. En dicho informe se constata que ese adoctrinamiento existe y que hay una manipulación evidente, en ocasiones burda y otras veces más sutil.

¿Cuál sería la diferencia esencial entre ambos tipos de manipulación?

La manipulación burda probablemente sea más fácil de detectar y de combatir, pues se trata de cotejar hechos, explicar cuáles no son ciertos y ya está. No ocurre lo mismo con la manipulación sutil, que consiste en presentar la realidad omitiendo determinados hechos y resaltando otros. En Sa Fundació hemos criticado, por ejemplo, que somos la única Comunidad en la que la referencia a la hora de estudiar Historia de España no es Baleares, sino Cataluña. Esa situación crea un marco conceptual en el cual las Islas Baleares están dentro del ente imaginario e inventado de los Países Catalanes. Esa visión desde Cataluña ha fomentado además una dicotomía falsa entre víctimas y verdugos, en la que por una parte estaría Cataluña, a la cual nosotros supuestamente perteneceríamos, y por otra parte Castilla, en donde se incluiría toda España.

¿Qué más reseñaría en ese sentido?

En los libros de texto analizados por Societat Civil Balear aparece que Cataluña y España han estado siempre enfrentadas, y que ha habido una opresión constante por parte de Castilla hacia Cataluña, que sería el único lugar donde están el progreso y las libertades. El esquema mental que se crea con todo esto permite que a nuestros escolares se les pueda decir cualquier proclama política sin la necesidad de tener que ofrecer argumentos. A ello hay que añadir el desconocimiento de la propia historia, de los hechos protagonizados por los mallorquines y de los hitos que ha tenido la historia de las Islas Baleares. A veces, incluso se habla de personajes históricos isleños como si fueran catalanes, como ocurre en el caso del filósofo mallorquín Ramón Llull.

¿Por qué dejó de militar en el Partido Popular?

Abandoné el PP en febrero de 2017, tras el congreso nacional en el que se diseñaron los principios ideológicos que se iban a seguir. En ese contexto, consideré que yo ya no tenía cabida en el partido por ciertos postulados que se habían abandonado, como el de defensa de la vida. Cuando una persona defiende unos principios y considera que la formación en la que milita ya no los defiende, lo más honesto por coherencia es dejarlo.

¿Se ha planteado afiliarse a otro partido?


La vocación de servicio público la he tenido siempre. Por tanto, cuando acabó mi etapa en el Partido Popular, empecé a trabajar a nivel nacional para la creación de un nuevo partido que recogiera toda una serie de elementos que creía que era necesario que entrasen de nuevo en la arena pública, como por ejemplo trabajar para la búsqueda del bien común, desde el sentido común, eliminando de la política los elementos que considerábamos que de alguna manera la habían prostituido. Todo ello teniendo además unos principios muy claros en los que la gente se pudiera ver reconocida. La verdad es que conseguimos que mucha gente de diversas partes de España se sumase a ese proyecto —denominado Avanza—. Aun así, crear un partido político es siempre una cuestión complicada y aquella iniciativa ha quedado por ahora en un «think tank».

No regresará entonces por ahora a la política...


No tengo por ahora la idea de volver a entrar en política, precisamente porque la conozco —sonríe—, pero quién sabe lo que podría pasar en un futuro. En cualquier caso, si hacer política es luchar por aquello en lo que crees, yo nunca he dejado de hacer política, ya sea en el ámbito de la Comunidad autónoma, en el ámbito nacional o en el internacional. Todos estos años he seguido luchando por las mujeres, por la oposición iraní, por los cristianos perseguidos, por la vida. Ha sido, por tanto, una lucha centrada sobre todo en la defensa de las libertades, de la vida y de la dignidad de los seres humanos.

¿La ciudadanía ya no se interesa por la política?

Creo que no es que la gente pase de la política, sino que está desengañada de la misma, porque muchas veces no se ve reflejada en sus intereses y en cuestiones de sentido común. La gente no entiende, por ejemplo, el motivo por el que si hay una solución específica para un problema concreto, se escoja a veces una solución que no tiene que ver con el sentido común y el bien común porque hay ciertos condicionantes políticos.


Ahora que se acercan las elecciones, ¿volvemos a una España de bloques, de buenos y de malos?


Es cierto que hay ahora un interés en volver a crear bandos, cuando lo teníamos todo para ser un país donde fuera posible llegar a acuerdos. Hace unos días, Antonio Banderas dijo en una entrevista que en 1985 Franco estaba más muerto que ahora. Tenía toda la razón, no se podía explicar mejor esa paradoja. En 1985 era más fácil hablar que hacerlo hoy, porque hemos perdido mucho la capacidad de diálogo y de escuchar. En cuanto a las próximas elecciones, buscar el voto por el miedo es una mala cosa, porque el miedo es lo contrario de la libertad. En ese sentido, las personas han de ser capaces de pedir a sus políticos, de una manera responsable, cuestiones concretas. Deben exigirles responsabilidades si no cumplen, y dejarse guiar por los programas, imaginando que los programas se cumplirán, porque si no, perdemos calidad democrática. Y esto es lo que estamos viendo ahora, que estamos perdiendo calidad democrática y libertad.

¿Podría poner algún ejemplo?

En la actualidad, hay determinadas leyes que regulan aspectos específicos de la vida política. Por desgracia, hemos llegado a un punto en el que discutir esas leyes implica que supuestamente vas en contra del colectivo que se intenta proteger. Estoy pensando por ejemplo en la ley de violencia de género, las leyes LGTBI o la ley de memoria histórica. Cuando criticas ahora determinados aspectos de alguna de esas leyes, te encuadran directamente dentro del fascismo más oscuro, cuando probablemente la gente que dice eso no se haya leído esa ley. Quienes te acusan hoy de ir contra las mujeres, las víctimas de la Guerra Civil, los gays, las lesbianas o los transexuales, simplemente se han limitado a coger las banderas de unos colectivos, convertir a las personas en colectivos y obtener un rédito político de esos colectivos. Personalmente, considero que lo que se tiene que defender es la ciudadanía plena, los valores de la igualdad ante la ley y de la libertad de expresión, que nunca deberían ser conculcados.

Hace unos días se celebró un nuevo 8-M, ¿cree que se puede recuperar la unidad que hubo años atrás?

Lo veo muy difícil, porque la izquierda ha decidido emplear el movimiento feminista en su beneficio y ha expulsado de ese ámbito a las personas que no son de izquierdas. El manifiesto del Día Internacional de la Mujer de este año era, como el de 2018, absolutamente excluyente. Ahora te obligan a encajar en un perfil muy definido, de ahí que si no eres anticapitalista, proabortista, animalista o crítica con el libre mercado, ya no tienes cabida en ese movimiento. Esta situación es muy triste, porque creo que si las mujeres podemos conseguir cosas, es precisamente trabajando unidas. Además, creo que la actual exclusión por motivos ideológicos es una falta de respeto hacia todas las personas que han luchado por la igualdad de oportunidades. ¿Qué pasa con todas las mujeres que durante estos años han estado luchando, no las tenemos en cuenta? ¿Ahora hemos descubierto lo que es el feminismo? La verdad es que pienso que se está haciendo hoy un muy mal uso del movimiento feminista.

Falta hoy tal vez una cierta perspectiva histórica...

Las mujeres nacidas en los años sesenta y setenta dimos las gracias a nuestras madres por todo lo que habían hecho y al mismo tiempo entramos en el mundo que a ellas les había sido vetado. Entramos sin pedir pemiso, porque teníamos tan claro que teníamos derecho a ocupar el espacio que queríamos ocupar, que ni nos planteábamos que no pudiera ser de esa manera. Aun así, también es cierto que tuvimos que hacer renuncias y tomar decisiones sobre el tema familiar con la persona que teníamos al lado. Ahora parece que todo aquello no valió de nada. Por ello, que vengan hoy los poderes públicos a decirnos cómo tenemos que arreglarnos con nuestras parejas o que se pronuncien sobre si queremos tener hijos o no, es una injerencia absolutamente insoportable.
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