18 de abril de 2019, 19:03:32
OPINIÓN


Ciencia y superchería

Por José A. García Bustos


La ciencia avanza a buen ritmo y lo que va demostrando pasa del terreno de lo desconocido a lo conocido. Hace cien años que Einstein predijo los agujeros negros pero hasta 2016 no se pudo comprobar de su existencia y hasta esta semana no se han podido fotografiar.

Del análisis de la información de este extraordinario descubrimiento se extraen varias conclusiones. La primera es que nuestro cerebro no está preparado para entender algunas magnitudes. Eso de que el agujero negro se encuentra a 55 millones de años luz y tenga una masa de 6.500 millones de soles me hace pensar que está muy lejos y es muy grande pero, qué quieren que les diga, me quedo igual que si le ponen o le quitan ceros (a la derecha, se entiende). El universo es inmensamente inmenso y nosotros somos minúsculamente minúsculos. Aunque alguno de nuestros congéneres se crea que es el centro del mismo.

La segunda conclusión con la que me quedo es que es evidente que los descubrimientos científicos avanzan cada vez más rápido pero no es menos cierto que aún nos queda mucho por descubrir ¿Significa que lo que no conocemos no existe? O mejor dicho, ¿significa que creer que allí donde la ciencia aún no ha llegado es mentira? ¿Una superchería, según el ministro Pedro Duque? Si fuera así, Einstein que intuía de su existencia pero no pudo demostrarla hubiera sido un mentiroso para su época. Copérnico o Galileo no eran mentirosos por decir que la tierra era redonda (o mejor dicho, esférica). Que la ciencia no lo entienda todavía, no implica que no exista.

No voy a defender lo que no entiendo pero tampoco voy a decir que solo lo que entiendo es verdadero y lo demás es falso.

Cuando desde el gobierno central tachan de peligrosas una serie de prácticas curativas que la ciencia no ha podido demostrar, está cayendo en el mismo error. Entiendo que quiera proteger la salud de las personas y entiendo que deba perseguir a algunos aprovechados salvadores. Pero creo que se deberían limitar a advertir de que la ciencia no apoya según qué prácticas. La última decisión debe ser de la persona.

Además, el gobierno debería discriminar entre las prácticas no intrusivas y las que sí lo son. Por ejemplo, si piensan que la homeopatía tiene los mismo efectos que un placebo (que es como no tomar nada) pero, aun considerando que fuera así, tiene un efecto sugestivo en la mente del paciente que le ayuda a curarse ¿por qué no decir que no es dañina aunque no crean en ella? Lo mismo ocurre con las flores de Bach, el masaje en la energía de chacras o el tantra.

Pero cuando de salud se trata y la solución no la da la medicina tradicional ¿se debería negar que el paciente decidiera libremente a qué terapia acudir? Con todos los avisos que se quiera pero, sea como fuere, cada uno debe poder elegir sobre sí mismo.

Eso sí, no decidan sobre otros. No dejen de vacunar a su hijo.

Ojo que están pendientes de evaluar otras terapias como la acupuntura, la abrazoterapia, el yoga, el pilates o la meditación. Si prohíben alguna de éstas, los chinos, que llevan milenios practicándolas, se van a reír de lo lindo. Ahí sí que vamos a ser más fotografiados que el agujero negro.

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