25 de junio de 2019, 8:29:40
OPINIÓN


Los enemigos de Trump

Por Javier Fernández Arribas


Jugar con fuego y colocar a los demás al borde del abismo es una forma de actuar en el mundo que poco o nada tiene que ver con la diplomacia, con el derecho internacional, con un orden mundial que había hecho funcionar al mundo sin demasiados sobresaltos. Hace bastante tiempo que esa manera de entender y aplicar las relaciones internacionales pasó a mejor vida tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Sin embargo, toda la responsabilidad no se le puede achacar al empresario fanfarrón, intérprete de un papel de grandullón de la clase que pretende tener a todos amedrentados por sus amenazas y por sus pescozones que buscan recuperar el liderazgo mundial perdido a nivel político y económico. Aquellos polvos trajeron estos lodos. Hay que remontarse al ataque terrorista de Al Aqaeda del 11 de septiembre de 2001 para darse cuenta de que ese día el mundo cambió y la gran superpotencia cayó en la trampa de emprender la gran cruzada contra los terroristas por rincones del planeta tan áridos y absorbentes con un resultado muy negativo a largo plazo.

Las guerras en Afganistán y en Irak han sido uno de los elementos clave que propiciaron una crisis económica que, a su vez desveló la corrupción de parte del sistema financiero capitalista. Los miles y miles de millones de dólares enterrados en Afganistán e Irak para lograr una victoria militar prevista de antemano por la enorme diferencia de recursos humanos y armamentísticos, pero solo aparente porque no se ha logrado la paz y la estabilidad duradera con el desgaste diario que produce, representan el inicio del declive de Estados Unidos y Occidente en la esfera internacional.

La crisis económica ha sacudido sin piedad los cimientos de unas reglas de juego manejadas en favor de los intereses occidentales por el puño férreo norteamericano, apoyado en sus aliados europeos con el beneplácito, correoso en ocasiones de Naciones Unidas. La debilidad provocada por la crisis resultó mucho más dañina que lo que hubieran podido pensar los más pesimistas, hasta el punto de que apartó considerablemente en el tablero de mando a estadounidenses y europeos más preocupados por lograr la recuperación económica que imponer sus criterios e intereses en zonas tan estratégicas, como Oriente Próximo. En el plano económico, China ha cogido las riendas en buena parte del escenario internacional. En el plano militar, Rusia ha aprovechado la ocasión en Siria, por ejemplo, para recuperar su papel de superpotencia con nuevos sistemas de armas muy a tener en cuenta. Podemos estar de acuerdo o no con las decisiones tomadas por Barack Obama, pero no tenía muchas más opciones obligado sin remisión por una cruda realidad de déficit, deuda y falta de recursos.

El acuerdo nuclear con Irán, los acuerdos de París contra el Cambio Climático, los acuerdos Asia-Pacífico, con México y Canadá, la cooperación en el marco de la OTAN, en definitiva el multilateralismo en las relaciones internacionales como forma de afrontar los retos y desafíos del mundo para mantener cierta estabilidad que propicie una total recuperación económica con crecimiento y creación de empleo en un mundo globalizado con unas nuevas tecnologías que lo cambian todo a gran velocidad y donde la inteligencia artificial es el presente para poder vivir el futuro. Donald Trump se ha rebelado contra toda esta concepción del mundo y de las relaciones internacionales porque considera que Estados Unidos no juega el papel protagonista y no consigue los beneficios de debería, de acuerdo con planteamientos que ya difícilmente van a aceptar China y Rusia, como grandes ocupantes de varios reinos en un Juego de Tronos que representa una gran amenaza para todos.

Todos somos potenciales enemigos de Trump y así nos lo ha demostrado con sus decisiones económicas y comerciales, principalmente para dar respuesta a sus electores que exigen la recuperación de sus salarios y de su economía, demostrando que era verdad lo de América first. La guerra comercial con subida de aranceles con China perjudica gravemente a todos. Ahora, lo que se ha movido en el tablero son fichas militares, un grupo de combate naval en el golfo Pérsico para doblegar a Irán y a sus intenciones de jugar un papel predominante en Oriente Próximo con su apoyo continuo a grupos terroristas como Hezbollah en Líbano, Hamás en Gaza, y lo más novedoso, su atrevimiento a instalar bases permanentes en suelo sirio, en Yemen con el apoyo a os hutíes o en Libia con el respaldo a algunas milicias islamistas.

Enfrente de Irán se encuentra Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, entre otros países árabes. Con Irán se colocan, coyunturalmente, Turquía, Qatar, y ya veremos si Rusia e, incluso, China. Son enemigos demasiado correosos como para pensar en un paseo militar como ocurría antes. La disuasión puede resultar pero Trump tendrá que recuperar ciertas artes diplomáticas porque no tiene todos los ases de la baraja.

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