25 de junio de 2019, 6:37:13
OPINIÓN


Cuando la solución es el problema

Por Jaime Orfila


La que has montado ministra. La obligación de un registro horario en las empresas se ha convertido en un problema en sí mismo. En una contrariedad mucho mayor que el problema que querías arreglar. Te has pasado tres pueblos. Tú y los colegas que te apoyaron colegiadamente en el consejo de ministros. Si, en uno de estos ejercicios de populismo rancio llamados viernes sociales, justo antes de iros de tardeo electoral.

Por lo que se ve, el concepto de “estar en funciones” no lo habéis querido conjugar en su justa dimensión. No va con vosotros que se limiten las actuaciones a las de excepción cuando ya se han convocado elecciones, respetando que los ciudadanos pueden encargarlas a otras formaciones.

Desde la ocurrencia, todas las empresas, sin excepción, deben apuntar a qué hora entran y salen los empleados y conservar estos datos durante cuatro años.

Has obviado totalmente el principio básico que una decisión tienen que ser proporcional a la magnitud de los objetivos que intenta conseguir. En este caso, se perjudican las relaciones laborales flexibles, el teletrabajo, aspectos importantes de conciliación y no atiende las problemáticas singulares y particularidades de millones de trabajadores y empresas. Atajar la problemática de las horas extras precisaba soluciones más racionales e imaginativas.

Los problemas complejos no se atajan con soluciones simples. Los sectores tienen singularidades que afectan a una parte muy importante de sus empleados y de sus empresas, y horarios y regímenes laborales dispares que la norma ha fumigado.

La implantación de medidas laborales universales que solo generan más burocracia y más costes, mediante el atajo legal del real decreto, es una mala solución. Has utilizado herramientas del siglo XIX para afrontar problemáticas del siglo XXI. Así nos va.

Cuando se te recuerda que la norma es impertinente, en vez de hacer autocrítica, no se te ocurre otra cosa que reprender a los sectores, profesionales y empresas que han levantado la mano discrepante. Vas y les recuerdas su régimen sancionador.

Que la reencarnación Ciudadana de Bauza coloque a la leyenda del Jazz, Louis Armstrong, en la luna tiene su lógica, no se espera más de él, pero que el consejo de ministros tenga que rellenar sus polizonas reuniones preelectorales con normas generales impertinentes, de obligado cumplimiento, no hace ninguna gracia. Buen finde amigos.
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