19 de junio de 2019, 18:31:17
OPINIÓN


Lo juro... ¡Por la gloria de mi madre!

Por Miquel Pascual Aguiló


La utilización de la fórmula por imperativo legal, durante el juicio del procés y la semana pasada en el Congreso de Diputados y el Senado no es nada nueva. Fue empleada por primera vez en el año 1989, hace treinta años, por tres diputados electos de la extinta e ilegalizada Herri Batasuna, Itziar Aizpurúa Egaña, Jon Idígoras y Ángel Alcalde, en el juramento del cargo de diputado en el Congreso. Esta forma de juramento, a pesar que no fue admitida por el entonces presidente de la cámara baja, Félix Pons Irazazabal, demócrata cristiano reconvertido en socialdemócrata, quién hizo una interpretación estricta de la ley y les pidió abandonar el hemiciclo, posteriormente sí fue aceptada por el Tribunal Constitucional mediante la sentencia 119/1990.

Recordemos que ante la insistencia de varios testigos de jurar sus declaraciones ante la acusación particular de Vox, “por imperativo legal”, el presidente del tribunal del juicio del procés, Manuel Marchena, señaló hace unos días a los allí presentes que “todo” lo que estaba ocurriendo allí, desde las respuestas a las cuestiones planteadas por el Ministerio Fiscal o por la Abogacía del Estado, se estaba produciendo “por imperativo legal”.

El juramento o promesa de acatamiento de la Constitución es la expresión formal, exigible a todos los que asumen un cargo o una función pública, de sometimiento y sujeción a la Constitución, como norma fundamental del Estado, que no entraña ninguna violencia moral ni atentado contra la libertad de opinión y así lo ha subrayado entre nosotros la Sentencia 101/1983, de 18 de noviembre, del Tribunal Constitucional. Es una exigencia debida de fidelidad a la Constitución.

La citada Sentencia del Tribunal Constitucional 119/1990 no llegó a pronunciarse expresamente sobre la fórmula utilizada por esos Diputados. Posteriormente en la Sentencia 74/1991 del propio Tribunal Constitucional, se estimó que con la referida expresión "por imperativo legal" se cumplía la fórmula de juramento, anulando así un acuerdo del Presidente del Senado por el que no se tenía por cumplido el requisito y, por tanto, no adquirida la condición.

Según el Alto Tribunal, "la dimensión ética que posee el acatamiento no puede llevar a excluir a priori la posibilidad de prácticas de esta naturaleza, ya sea en el momento de prestar juramento, ya sea, sin solución de continuidad, tras haberlo prestado. Esta posibilidad tiene, sin embargo, como límite el que su formulación desnaturalice o vacíe de contenido el acatamiento mismo mediante fórmulas que supongan un fraude a la Ley o priven de sentido al propio acatamiento. En esa tensión entre la salvaguardia del alcance de un compromiso ético y el respeto al contenido mismo del acatamiento es donde hemos de situarnos para valorar la regularidad o no del acatamiento realizado por los recurrentes".

La semana pasada, la actual presidenta del Congreso de Diputados Meritxell Batet Lamaña, hizo una interpretación extensiva de la ley, en la que, y como resultado de la misma, concluyó que la ley debía aplicarse a más casos o situaciones de los que expresamente menciona, ya que la sentencia solo mencionó el por “imperativo legal”.

La presidenta del Congreso de Diputados no tuvo en cuenta para nada la frase de la sentencia del tribunal constitucional “…Esta posibilidad tiene, sin embargo, como límite el que su formulación desnaturalice o vacíe de contenido el acatamiento mismo mediante fórmulas que supongan un fraude a la Ley o priven de sentido al propio acatamiento…”.

Porque prometer o jurar la constitución "desde el compromiso republicano y como preso político, y por imperativo legal, si prometo", "como preso político, y con lealtad al mandato democrático y con el pueblo de Cataluña, lo prometo", “por la libertad de los presos políticos, por el retorno de los exiliados, por la república catalana y por imperativo legal, sí, prometo”, “por imperativo legal, con lealtad al mandato del 1 de octubre y al pueblo de Catalunya, por la libertad de los presos y exiliados, sí, prometo”, desnaturaliza, vacía de contenido, priva de sentido y es claramente contrario al propio sentido de acatamiento a la constitución.

Sino que alguien explique, por ejemplo; cómo se puede acatar la constitución y al mismo tiempo hacerlo con “lealtad al mandato del 1 de octubre”, hecho del todo y absolutamente contrario a la constitución española.

De nuevo se ha hecho real el aforismo de Albert Einstein: “Hay dos cosas que son infinitas: el universo y la estupidez humana; de la primera no estoy muy seguro”.

Lo dicho: “Lo juro….¡ por la gloria de mi madre!.

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