12 de noviembre de 2019, 23:10:32
OPINIÓN


Noa, el fracaso de una sociedad

Por Agustín Buades


El caso de Noa Pothoven ha conmocionado a Holanda y a todo el mundo por lo macabro del caso y por las dramáticas consecuencias de una sociedad cada vez más alejada del respeto a la vida y a su dignidad.

Noa, de 17 años, puso fin a su vida después de que sus padres la autorizaran y el estado holandés lo permitiera. La joven vivió años sufriendo estrés postraumático, depresión y anorexia como consecuencia de los abusos sexuales que sufrió de pequeña.

Cuando se quiere legalizar la eutanasia, siempre se expone como una solución para casos extremos, bajo control estricto. La experiencia muestra que, si se legaliza, la práctica de la eutanasia tiende a expandirse cada vez más. Es el fenómeno llamado de la pendiente resbaladiza cómo se ha verificado en las tres países del mundo donde se autoriza la eutanasia: Holanda, Oregón (Estados Unidos) y Bélgica . Y España puede ser el cuarto, ya que en esta legislatura el PSOE quiere aprobarla.

Ya se practica la eutanasia neonatal en Holanda que se da sin prácticamente ningún control social, pues los médicos no la declaran. Se han notificado una media de 3 casos anuales entre 1996 y 2001; sin embargo, en 2001, a unos 100 de los 1.088 niños que murieron con menos de un año, los médicos les suministraron fármacos para acelerar la muerte.

En Holanda , además, en casos de pacientes que sufren depresión, demencia u otra enfermedad psíquica, aceptan que se les practique la eutanasia. Aun reconociendo que la capacidad de juicio del enfermo está disminuida, consideran cruel aplicar los requisitos legales de forma estricta. Lo mismo ocurre con recién nacidos con discapacidades o pacientes en coma, que claramente no pueden expresar su voluntad: para acabar con sus vidas basta que el doctor y/o la familia opinen que el sufrimiento es insoportable y pongan en duda la eficacia de los tratamientos.

Hay muchos expertos que han advertido del peligro que los defensores de la eutanasia vayan añadiendo nuevos criterios, por ejemplo estar cansado de vivir. Y esto es lo que está pasando en Holanda.

En Holanda el descenso por la pendiente resbaladiza ha sido muy fuerte; las autoridades no han podido controlar la práctica de la eutanasia ni a los trasgresores de la ley y las precauciones establecidas legalmente han desaparecido en parte y la ley ha terminado permitiendo nuevos casos distintos de los iniciales.

Situaciones como estas no solo agravan las consecuencias éticas que promueve la legalización de la eutanasia, si no que en los países en los que se plantean su regulación crece el miedo a que los estados aprovechen para reducir gastos sanitarios, especialmente en casos de enfermedades mentales a través de la eutanasia.

Es el fracaso de una sociedad que no supo ayudar a una joven y que la solución que le dio fue suicidarse. Evitemos que en nuestro país entre en esta pendiente resbaladiza y lleguemos a estos extremos tan denigrantes de una sociedad que es incapaz de ayudar a los que sufren. Promovamos los cuidados paliativos.
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