16 de octubre de 2019, 12:19:40
EDITORIAL


Las terrazas de La Lonja no ponen en riesgo la convivencia



La obligación de cerrar las terrazas de bares y restaurantes de la zona de La Lonja de Palma a las once de la noche ha provocado una enérgica reacción por parte de los empresarios. Hasta el pasado 6 de abril -cuando se publicó en el BOIB el decreto municipal-, el horario de las terrazas era hasta las doce de la noche de lunes a jueves y hasta las doce y media los fines de semana y vísperas de festivos. La nueva norma les obliga a cerrar a las once todos los días de la semana con el consiguiente perjuicio para los negocios de la zona, donde han existido terrazas desde hace 30 años.

Bares y restaurantes han recurrido a la Justicia para que se retire el decreto; además, han iniciado una recogida de firmas y prevén una manifestación. Su temor es que la medida provoque la ruina de los 18 restaurantes y bares de la zona -muchos ya no abren al mediodía y concentran su actividad únicamente por la noche-, además de la eliminación de los 70 puestos de trabajo que generan. Cort argumenta que la medida se ha adoptado para proteger el descanso de los vecinos del entorno, aunque este supuesto conflicto sería más que dudoso.

La Lonja es una de las zonas turísticas más concurridas de Palma. Por ello sorprende la presión ejercida desde el gobierno municipal contra uno de los atractivos que ofrecen los bares y restaurantes de la zona, que podrían verse abocados al cierre en plena temporada. De hecho, muchos hoteles recomiendan a sus clientes no ir a los establecimientos de La Lonja ante la posibilidad de que a las once ya no puedan permanecer en las mesas del exterior.

El episodio recuerda a los vividos en otras zonas de Palma -como Santa Catalina- donde las terrazas se han convertido en elemento de discordia y de múltiples inspecciones municipales; una actuación que pone de manifiesto la obsesión de Cort por este tipo de instalaciones, tan propias por otra parte de la cultura mediterránea y tan aceptadas por residentes y turistas.

Hasta la aplicación de la nueva norma, la conciliación entre el descanso vecinal y el negocio de bares y restaurantes era una realidad, como lo demuestra que ningún restaurante hubiera sido multado por exceso de ruidos con la norma anterior. Recurrir ahora a una limitación horaria tan radical alimenta la idea, expresada por los responsables de bares y restaurantes, de que Cort actúa de forma injusta, arbitraria y no justificada. Sería conveniente corregir antes de que el asunto se enmarañe más.

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