21 de julio de 2019, 11:37:20
EDITORIAL


Partidos en crisis ante la décima legislatura



Este jueves se inicia formalmente la décima legislatura con la sesión solemne del Parlament balear. El discurso institucional del presidente de la Cámara, Vicenç Thomàs, y, especialmente, el nombramiento de los dos senadores autonómicos -Vicenç Vidal y José Vicente Marí Bosso- marcarán el desarrollo de un pleno en el que también jurarán sus cargos diez nuevos diputados que sustituirán a los que han presentado su renuncia para poder ocupar otros puestos en la administración.

El pleno visualizará los cambios producidos tras las eleciones de mayo y marcará la inercia de lo que deben ser los próximos cuatro años. En este sentido, llaman la atención las consecuencias que han tenido los resultados electorales en determinados partidos y las diferentes formas con las que han digerido los votos recibidos el 26M.

La experiencia -o el oficio- de partidos como el PSOE o el PP se ha hecho valer a la hora de enfocar la situación y establecer pactos que les beneficiasen. En el caso de los populares, los resultados de la formación no han desembocado en la profunda crisis que algunos auguraban la misma noche del 26M. Al contrario, la formación de Biel Company ha cerrado filas y ha podido negociar pactos municipales que le han devuelto una parte del poder local que perdió en 2015, además de hacerse con el Consell d'Eivissa.

En el plano opuesto, Més per Mallorca y Ciudadanos representan el ejemplo de una mala gestión de los resultados electorales. Posiblemente, ambos esperaban una mayor cosecha de votos el 26M, pero los electores les han situado en el Parlament con cuatro y con cinco diputados, respectivamente. En el caso de Ciudadanos, la revolución interna ha supuesto la salida del anterior líder, Xavier Pericay, y de Olga Ballester, quien este mismo miércoles abandonó sus cargos dentro del partido de Rivera. Ciudadanos debe gestionar la nueva etapa con una cúpula nueva, sin experiencia y con no pocas tensiones en su interior, como lo demuestra el episodio en el que Joana Capó, secretaria de Organización Baleares, tachaba de "frikis" a sus propios afiliados en Palma.

En el caso de Més, la crisis abierta por la ejecutiva -con el intento de apartar las tres caras más visibles de la formación en la que debía ser la nueva estructura institucional de la comunidad- acabará pasando factura también a los propios coordinadores, Busquets y Balboa. Gestionar dos consellerias y participar en las decisiones de gobierno no parece que vaya a ser suficiente para satisfacer las aspiraciones de una formación que pretendía mayor peso político hasta que los votantes le dieron su justa medida.

La legislatura arranca con sombras de crisis en ambos partidos, lo que en el caso de Més puede tener un efecto en el propio Govern y permite confirmar la premisa de que no siempre un buen resultado garantiza la estabilidad interna, ni peder las elecciones aboca inevitablemente a una crisis dentro de la formación.

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