19 de agosto de 2019, 23:34:33
EDITORIAL


El fracaso de Ryanair



Ryanair ha anunciado que prevé despedir a centenares de sus trabajadores. La aerolínea irlandesa de bajo coste ha confirmado que planea recortar su plantilla de pilotos y tripulantes de cabina, con 500 y 400 despidos, respectivamente. La compañía justifica esta reestructuración por el impacto de un Brexit presumiblemente sin acuerdo, el encarecimiento del combustible y el retraso en la entrega de los nuevos aviones Boeing 737 Max. El propietario de Ryanair, Michael O'Leary, ha pedido perdón a sus empleados por "las malas noticias".

Ryanair y O'Leary -tanto monta- nunca han estado exentos de polémica, un elemento que les ha acompañado desde el inicio de sus operaciones, bien sea por asuntos fiscales como por reclamaciones de clientes o por las huelgas de su personal. La compañía alcanzó un rápida notoriedad por los precios con que irrumpió en el mercado, llegando a conseguir unos resultados económicos y de tráfico notables. Un éxito en los balances que iba a la par con el número de denuncias presentadas por los clientes por múltiples cuestiones que llegaron a la misma Unión Europea. El problema de Ryanair se ha puesto de manifiesto cuando ha tenido que asumir reglas del juego que ya asumían sus competidores: justicia en los turnos de los trabajadores, plantillas adecuadas, niveles salariales...

Competir en estas condiciones parece haberle sentado mal a Ryanair que ahora evidencia los pies de barro sobre los que se levanta. Los primeros en sufrirlo serán buena parte de sus 19.0000 empleados que se verán abocados a una reduccción que O'Leary considera "simplemente, inevitable" y que será una realidad después del verano. Curiosamente, los principales damnificados serán aquellos que hace un año vieron aumentar sus retribuciones salariales por imperativo legal: los pilotos y los tripulantes de cabina.

O'Leary no parece encontrarse cómodo acometiendo los negocios con transparencia, cumplimiento de las normas y ajustándose a las reglas del mercado. De momento, la factura de esta forma de ver los negocios la pagarán sus trabajadores; lo que no excluye que los usuarios también puedan verse afectados por esta particular forma de ver los negocios, que lejos de poder ser considerada ejemplar, antepone los beneficios económicos a la comodidad del pasaje o a las más elementales normas laborales.

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