20 de octubre de 2019, 12:25:24
OPINIÓN


Mi 'hermano' Enrique Urquijo

Por Josep Maria Aguiló


Los seguidores de Los Secretos formamos una especie de hermandad, algo peculiar, es cierto, que estaría mayoritariamente integrada por personas más bien solitarias, algo desubicadas en este mundo y un punto melancólicas. En el seno de dicha hermandad, nuestro 'hermano mayor' fue, durante casi veinte años, Enrique Urquijo, originaria alma mater del grupo. Les descubrí en 1980, cuando yo tenía apenas 17 años, al escuchar por vez primera su canción quizás hoy más mítica, «Déjame». Recuerdo que quedé profundamente fascinado y maravillado en ese mismo instante.

Compré el primer LP de Los Secretos en 1981 y año tras año fui adquiriendo también sus discos posteriores, que siempre recomendaba a todo el mundo. En aquella primera época, cuando alguien me decía «a mí también me encanta Enrique Urquijo», sentía cómo se me ensanchaba el corazón, y pensaba: «He aquí a un integrante de mi misma hermandad». Desde entonces, poco a poco entraron a formar parte de la banda sonora de mi vida temas maravillosos como «Sobre un vidrio mojado», «Hoy no», «No me imagino», «Buena chica», «Cambio de planes», «Volver a ser un niño», «Pero a tu lado», «Tu tristeza» o «Aunque tú no lo sepas», estos dos últimos debidos al grupo Enrique Urquijo y Los Problemas. Ese mismo amor lo sentí también con la última canción que grabaría Enrique, «Hoy la vi», tan sincera, preciosa y profunda como todas las suyas.

Vi actuar a Los Secretos todavía con Enrique en dos ocasiones, una de ellas en la barriada palmesana de Son Sardina, en el mes de septiembre de 1988. Recuerdo que había estado lloviendo durante todo el día en Palma, y que por ello se daba casi por seguro que el recital sería finalmente suspendido. Sin embargo, cuando dejó de llover, pasadas las tres de la madrugada, todos los componentes del grupo decidieron hacer el concierto. Estoy seguro de que tomaron esa decisión por todas las personas —pocas, la verdad— que habíamos estado esperando durante varias horas en la plaza de Son Sardina, soñando con poder ver a Los Secretos actuar en directo.

Poco antes de iniciarse ese concierto, Enrique salió a comprobar el estado de todo el equipo de música. En ese momento, sonrió a las personas que estábamos en las inmediaciones, con esa sonrisa suya tan característica, hecha de timidez, dulzura, un cierto desvalimiento y una gran bondad. Ya sólo por haber podido vivir en directo ese instante mágico, valió la pena haber estado allí aquel día. El recital fue, además, uno de los mejores que haya podido ver nunca.

Persona de una extrema sensibilidad y marcada por fuertes depresiones, Enrique fallecería el 17 de noviembre de 1999, en circunstancias muy dramáticas. Un año después, su hermano Álvaro decidió que Los Secretos continuasen existiendo como grupo, al entender que podía ser el mejor modo de recordar y de no olvidar nunca a Enrique. Y por fortuna, así ha sido hasta hoy. Tantos años después, la peculiar hermandad de que hablaba al inicio continúa existiendo y nuestro admirado Enrique sigue siendo todavía nuestro irrepetible y eternamente añorado 'hermano mayor'.
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