17 de noviembre de 2019, 4:31:56
OPINIÓN


En funciones

Por Francisco Gilet


«Los tontos se multiplican cuando los sabios permanecen en silencio», o eso decía Mandela. En la actualidad, referido a nuestro país, podríamos decir lo mismo, visto el comportamiento del socialista Sánchez, su ocupación del poder ejecutivo y la respuesta recibida. Atrás han quedado todas sus afirmaciones acerca de su españolismo, su negativa a pactar con los etarras y sus agrios reproches a quienes sí lo hacían, entiéndase Iglesias. Como igualmente se han sepultado las acusaciones al gobierno, cuando desde la oposición, recriminaba que no se puede ejercer el ejecutivo sin presupuestos. Para el socialista Sánchez todo el posible, siempre y cuando él sea el protagonista.

Resulta patético el que, arrogándose una mayoría suficiente, empujase al Rey a darle encargo de formar gobierno, cuando, en realidad, solamente contaba con sus 123 diputados y el mercadeo de los restantes hasta lograr la mayoría suficiente para la investidura. Aceptar el encargo real, caminar hacia el éxito y alcanzar el fracaso merece de otra respuesta en un político honesto. Pero, no, Sánchez no es un hombre honesto. Sánchez es un ocupante que considera merece ser revestido del poder ejecutivo por ser quién es, Sánchez. En estos momentos, carece absolutamente de apoyo parlamentario ni por la derecha, ni por el centro ni por la izquierda. Y, si me apuran, ni por el separatismo catalán, que le exige la entrega del país por un puñado de votos. Si fuese un político honesto, honrado, cabal, no andaría mendigando apoyos ni de los sindicatos, ni de los agentes sociales, ni de las comadronas ― con todos mis respetos para las comadronas ―. Si no fuese quién es, un osado detentador del poder, habría liberado al Rey del encargo cursado dejándole abierto el camino constitucional de una segunda designación de candidato. Pero no, Sánchez, aún en funciones, no es una persona honesta, sino que, no solamente corta el paso, sino que se dispone a seguir en su posición precaria hasta el último día. Y mientras tanto, enreda, maquina, mariposea, malmete, presiona, engaña y trama con todo lo que le viene a mano.

Hace más de un año fue la exhumación de los restos de Franco, que, con promesa, juramento incluido, ha caído en el cajón de los anuncios olvidados. Como lo están tantos y tantos compromisos, ofrecimientos y proposiciones que rezumó en su moción de censura exitosa, o en su fracasada propuesta de investidura. Todo son fuegos artificiales, barreras de humo que impidan al ciudadano contemplar como un gobierno socialista en funciones se supone dirige y gestiona el país. Y mientras la función teatral protagonizada por el socialista y su cohorte trascurre en el escenario de la vida pública, Torra sigue pidiendo dinero, Barcelona es una ciudad sin ley ni orden público, Navarra ha caído en manos de Bildu, en Bilbao se pide la salida de la Guardia Civil, cientos de autónomos cierran sus negocios, las exportaciones disminuyen y hasta en Formentera ha caído un 3,5% el turismo. Pero el socialista Sánchez, no se inmuta, sino que, por el contrario, se monta sus vacaciones bien resguardado con la élite de la Guardia Civil, para expulsar a periodistas, fotógrafos y demás impertinentes fisgones. Y de paso, una vez más, no recordar su explosivo humanitarismo con el Aquarius, mientras el Open Arms y su capitán navegan por aguas internacionales.

Y para dar la impresión de que es un gobierno socialista en funciones, pero trabajando, sale la mnistra en funciones del ramo para decir que tuvo un tío que murió en Mauthausen. Vuelta atrás, una vez más, en la historia de este país. Pero siempre a favor de un bando, siempre elevando a la cumbre del honor a los socialistas y dejando en el olvido a los que no son tales. Angel se llamaba el tío de la ministra en funciones, y Angel se llamaba el embajador español en Hungría, Sanz Briz, por más señas. Embajador que, en su libro Los judíos en España, relata con que argucia consiguió salvar de la cámara de gas a más de 5.000 húngaros judíos, descendientes de españoles sefardíes o no. Y ello con el conocimiento del gobierno al cual representaba en 1944. O sea, un embajador español, declarado por Israel Justo entre las Naciones.

No se trata sino de cumplir la instrucción dada por el socialista Sánchez a sus ministros en funciones; caldear el ambiente para llegar, con presión, a la convocatoria de elecciones. Así de honesto y formal es el hombre, disfrutando de sus «funciones» sin el mínimo decoro, después de un fracaso total en las negociaciones con UP, con ER, con PNV, con independentista catalanes y con cuanto agente social o sindical se le haya ocurrido. Un fracaso total que demuestra que ni tenía apoyos ni tiene apoyos ni tendrá apoyos. Poco le importa, él a lo suyo, establecerse como gran víctima del sistema, culpar a los otros y resistir hasta el último minuto. Mientras tanto, esos otros, los supuestamente sabios, silenciosos, quietos, escorados en el «no es o no», sin otra alternativa que pueda acorralar y sacar los colores al «sabio» de la Moncloa. Mandela tenía toda la razón. La pregunta es dónde están los sabios, los tontos ya lo sabemos.

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