19 de octubre de 2019, 15:13:28
OPINIÓN


Calma antes de la tempestad

Por Emilio Arteaga


Estamos en la recta final del mes de agosto, a apenas once días del inicio de septiembre, que tradicionalmente marca el final del verano social, aunque no el meteorológico, y el reinicio de la actividad habitual. Los estudiantes deberán encarar los exámenes de septiembre, los que suspendieron en junio o quieran mejorar nota, y prepararse para el inicio del nuevo curso académico. Los juzgados retomarán su funcionamiento tras un mes prácticamente inactivos, la mayoría de organizaciones recuperarán su ritmo habitual, ya que el porcentaje de personas de vacaciones en septiembre es muy reducido, la administración pública también retomará la actividad, así como los gobiernos y los parlamentos.

Nos encontramos, por tanto, ante los últimos días de asueto y actividad reducida, de calma estival, previos a la precipitación de acontecimientos previstos para los próximos tres meses, que anticipan un otoño que puede ser más tórrido, política y socialmente, que el verano.

En septiembre sabremos si hay o no investidura y, por tanto, si hay o no elecciones el diez de noviembre. Caso de que haya elecciones, la irresponsabilidad de los políticos, sobre todo de Pedro Sánchez, habrá alcanzado cotas delirantes y conducirán al semibloqueo administrativo que implica iniciar el 2020 con presupuestos prorrogados desde el 2018.

En septiembre u octubre, según quienes opinan con más o menos conocimiento de causa, se dictará la sentencia del juicio a los políticos y activistas catalanes y, si como parece, significa una sentencia dura para los acusados, provocará un terremoto social en Catalunya de consecuencias difíciles de evaluar en estos momentos, pero, en cualquier caso, seguro que serias y transcendentes.

Muy relevante será si la sala del Supremo espera a disponer del dictamen del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) de Luxemburgo sobre la cuestión prejudicial de la inmunidad de Oriol Junqueras, que sería lo lógico, puesto que ha sido el propio tribunal español el que ha elevado dicha cuestión al alto tribunal europeo y, por tanto, parecería que lo correcto es que espere a dicha resolución ya que, como su propio nombre indica, es una consulta sobre una duda prejudicial. De no hacerlo así y dictar sentencia antes de su resolución, invalidaría automáticamente la cuestión prejudicial y cabría preguntarse para que ha preguntado a la corte europea, si no iba a esperar la respuesta, máxime cuando solicitó al TJUE que estudiara la cuestión por vía de urgencia, lo que fue aceptado, habiéndose fijado la vista oral para el 14 octubre.

A este respecto, resulta inquietante que el propio Tribunal Supremo, en su escrito al TJUE manifestara que es una pieza procesal autónoma de la principal, aunque subordinada a ésta, y que, por tanto, no condicionará el contenido de su sentencia, lo que parece indicar que la presentación de la cuestión prejudicial es solo una estratagema para cubrirse las espaldas de cara a los futuros recursos ante el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos de Estrasburgo.

A nivel europeo, el 31 de octubre es la fecha definitiva del “brexit”, con o sin acuerdo, según el nuevo primer ministro británico Boris Johnson, cuya determinación de salir de la UE en dicha fecha, aunque sea a las bravas, esto es, un “brexit” duro, está provocando un desaguisado político sin precedentes en el Reino Unido. No se sabe exactamente que va a pasar en las próximas semanas, pero se habla incluso de una moción de censura que, de triunfar, conduciría a la formación de un gobierno de unidad nacional que convocaría unas nuevas elecciones, en un intento de salir del bloqueo parlamentario actual. Y Johnson ha amenazado con no dimitir de inmediato tras el triunfo de esa hipotética moción de censura, apurar los plazos, consumar la salida salvaje de la UE y dimitir después, lo que está provocando acaloradas y apasionadas polémicas sobre la legalidad o no de tal posibilidad.

En cualquier caso, el “brexit” será, en una primera fase, perjudicial para todos, pero un “brexit” sin acuerdo sería mucho peor y podría tener consecuencias económicas desastrosas.

Así pues, disfrutemos de los últimos días de calma antes de la tempestad. Calma relativa claro está, al menos para las conciencias, teniendo en cuenta el comportamiento indecente de la UE y en concreto del gobierno italiano, en el tema de la negativa a aceptar el desembarco de los rescatados en el mar por los barcos de las ONGs, que solo intentan salvar vidas inocentes y que son tildadas por el infame ministro del interior italiano, Matteo Salvini, de colaboradores de los traficantes de personas. Es un ejemplo paradigmático de la degradación moral y la corrupción ética que afecta a la UE y a todos los gobiernos de sus países miembros, y a muchos de sus ciudadanos, que apoyan y votan a semejantes individuos.

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