23 de septiembre de 2019, 7:53:36
OPINIÓN


Un bufón en la corte del rey Arturo

Por Miquel Pascual Aguiló


La definición que hace el diccionario español es claro respecto a lo que significa ser un bufón, a escoger: “Persona, generalmente de aspecto grotesco, que en la Edad Media y principios de la Moderna se encargaba de divertir a la corte con historias graciosas y chistes”. “Que hace tonterías o se comporta con poca seriedad pretendiendo ser cómico y resulta ridículo o molesto”. “Personaje cómico encargado de divertir a reyes y cortesanos con chocarrerías y gestos”. “Truhan que se ocupa en hacer reír”.

Es lo menos que puede decirse de Boris Johnson, el ahora polémico nuevo primer ministro de Reino Unido y defensor del “Brexit duro”, que ha sido descrito como un bufón sin principios desde sus tiempos de periodista especialista en noticias falsas, pasando por su época de Mayor of London (alcalde de Londres), ministro de asuntos exteriores que, hay que reconocerlo, ha sabido sacar partido a su imagen de inglés excéntrico que no le tiene miedo al ridículo, y del que algunos dicen que es un tramposo y un payaso, hasta llegar al cargo más importante del país a pesar de sus numerosas metidas de pata y sus faltas de respeto a lo largo y ancho del mundo entero.

Una de sus mayores polémicas (y ha generado muchas) fue la causada siendo alcalde de Londres cuando dijo que la UE estaba siguiendo los pasos de Hitler y Napoleón al tratar de unificar Europa bajo un mismo cuerpo.

Su llegada a finales del pasado mes de julio al 10 de Downing Street representó el desembarco en el Gobierno del Reino Unido de los partidarios más acérrimos del Brexit duro dentro del Partido Conservador, especialmente tras la amplísima victoria cosechada en las elecciones internas para elegir al sucesor de Theresa May, que se interpretó como un respaldo a su propuesta para gestionar la salida.

Recordemos que uno de los mayores problemas que está provocando el referéndum sobre la salida o no del Reino Unido de Europa es que se votó salir o no salir pero no se dijo nada de cómo hacerlo ni en qué condiciones hacerlo.

El primer ministro fue la semana incapaz de disimular su irritación ante el acoso sin cuartel al que le estaba sometiendo la Cámara de los Comunes (nombre de las cámaras bajas de los parlamentos bicamerales de Reino Unido y Canadá); Johnson llamó a Jeremy Corbyn, líder de la oposición laborista, “gallina”, “amigo de Caracas” y se refirió a sus propuestas económicas como “una mierda y un fracaso”, muy en su línea habitual de insulta que algo queda.

Al cabo de seis semanas en el poder Johnson está políticamente acorralado y ha provocado un claro cisma entre halcones y palomas “tories”. La ley para evitar que el Reino Unido abandone la Unión Europea (UE) sin un acuerdo recibió este viernes la aprobación de la Cámara de los Lores (Cámara Alta del parlamento del Reino Unido), lo que la ha dejado lista para que hoy lunes reciba el asentimiento de la reina Isabel II.

Tras la triple derrota de la pasada semana en la Cámara de los Comunes que asestó un golpe letal a su estrategia del Brexit, frenando la salida sin acuerdo que perseguía, bloqueando sus planes para el Brexit extremo, duro y unilateral, negándole la convocatoria de elecciones anticipadas el 15 de octubre y ordenándole buscar un acuerdo con la UE antes del 19 de octubre o, en su defecto, pedir un nuevo aplazamiento hasta el próximo enero, tiempo en el que tendrá que lograr un acuerdo consensuado con Bruselas, y sin mayoría parlamentaria en la Cámara de los comunes es un político prácticamente desahuciado.

Es hora de preguntarnos ¿qué es lo que hemos hecho mal los europeos para que una de las decisiones que condicionará la vida de varias generaciones de europeos esté en manos de semejante individuo?.

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