22 de septiembre de 2019, 10:45:58
PALMA

Emaya recoge más de 1 millón de kilos de residuos al año


El incivismo que convierte Palma en un estercolero cuesta más de 2,5 millones al año

Por Daniel López

Palma está sucia. Es un mantra que se repite con frecuencia y que refleja una triste realidad. El problema es que buena parte de la responsabilidad de esa imagen tan poco agradable reside en cientos de palmesanos que no usan los contenedores de Emaya para tirar sus basuras, sino que las dejan en medio de la calle. Ese gesto tan cotidiano de abandonar los residuos fuera de los depósitos implica un gasto anual de más de 2,5 millones de euros para Cort y, por tanto, para todo los ciudadanos.


Encontrarse un colchón en medio de la calle es algo demasiado frecuente en Palma. Hay muchas personas que no tienen el más mínimo pudor de cambiar su viejo colchón por uno nuevo y deshacerse del antiguo dejándolo apoyado en un árbol o tumbado sobre la acera. De nada sirve que Emaya haya, desde hace años, establecido un día y unas horas para dejar trastos, cientos de personas lo hacen cuando les viene en gana sin ningún complejo. Mugrientos colchones, frigoríficos estropeados, televisores destartalados, ropa sucia, muebles viejos o bolsas de basura abiertas pueblan las calles creando focos insalubres y una imagen nada idílica de Palma. Pero más allá de eso, cuando alguien deja su basura fuera del contenedor no solo está cometiendo un acto de incivismo con el que ensucia la ciudad, y que es punible según las ordenanzas de Cort, sino que además crea un coste para las arcas municipales y, por consiguiente, para los bolsillos de los palmesanos. Emaya tiene que invertir anualmente más de 2,5 millones de euros en recoger todo lo que se deja fuera de los contenedores.

La empresa municipal de agua y alcantarillado cuenta con un servicio para recoger las bolsas y objetos que los ciudadanos dejan afuera de los contenedores. Esta patrulla, compuesta por vehículos auxiliares con un conductor, evidencia de forma gráfica el coste directo del incivismo.

Salen en las rutas de recogida de residuos para complementar el trabajo de los camiones recolectores ya que los conductores de estos no pueden bajarse a retirar toda la basura que la gente ha abandonado fuera de los depósitos. Así, es labor de este servicio auxiliar recoger bosas, envases y trastos abandonados el día que no toca.

Las cifras de la vergüenza son descomunales. Más de un millón de residuos son retirados anualmente y transportados hasta la planta de tratamiento por este servicio. Emaya valora incluso que se pueda superar el millón y medio de kilos. Y todo esto supone un coste anual que supera los 2,5 millones de euros. Una partida que no sería precisa si todo el mundo depositase los residuos en el contenedor correspondiente.

Este coste es independiente de lo que supone la labor diaria de barrenderos, que también tienen que hacer frente al incivismo de quienes tiran por la calle papeles, envoltorios de comida…

MULTAS DE HASTA 750 EUROS

El incivismo no sale gratis. De momento, el nivel de sanciones impuestas es escaso en relación al volumen de infracciones que se detectan a diario. Sirva de ejemplo que en 2018 se tramitaron 740 multas, de las que 558 fueron por tirar la basura fuera del contenedor.

Se sancionó a 415 ciudadanos, que fueron pillados cometiendo una infracción contemplada por la Ordenanza Municipal de Limpieza, Deshechos y Residuos Sólidos Urbanos, aprobada en 2017.

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El artículo 72 de la Ordenanza estipula que las infracciones tipificadas como leves se sancionarán con una multa de hasta 750 euros.

La norma establece que “los residentes y transeúntes de la ciudad están obligados a prevenir y evitar el ensuciamiento de la ciudad” y se deja claro que está prohibido tirar a la calle “todo tipo de desperdicios, desechos o residuos, que son causa de ensuciamiento de la ciudad, muy especialmente y entre otros: colillas, masticables, cáscaras, peladuras, papeles, plásticos, envoltorios, latas, envases, botellas y desperdicios similares”.

Igualmente se prohíbe dejar en la calle residuos voluminosos, los enseres o residuos electrónicos.

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