21 de noviembre de 2019, 18:25:08
DEPORTES


Nacidos para sufrir

Por Josep Maria Aguiló

Hay varios equipos rivales a los que, por distintos motivos, los mallorquinistas les tenemos históricamente una innegable simpatía. Uno de esos conjuntos es, sin duda, el Atlético de Madrid. En un duelo directo, como el de ayer, siempre querremos que gane nuestro Mallorqueta, no haría falta decirlo, pero pasado ese momento la empatía originaria volverá a hacerse presente de manera natural.


¿Qué nos une especialmente a los colchoneros? Nos une, por ejemplo, haber compartido en distintos momentos a grandes jugadores como Antonio Orejuela, Ariel Ibagaza o Leo Franco, por citar sólo a tres, o a entrenadores de la talla de Luis Aragonés o de Gregorio Manzano. Pero lo que seguramente más nos une a los aficionados y seguidores de ambos equipos es que unos y otros nacimos esencialmente para sufrir. De distinta manera, sí, sobre todo en estos últimos años, pero esencialmente para sufrir.

Si dejamos ahora por un momento a un lado esos sentimientos compartidos y nos centramos ya en el partido de ayer, debemos reconocer que esta vez hubo una diferencia notable con respecto a los cinco primeros encuentros disputados esta temporada, que fue que el rival —el Atleti en este caso— fue bastante superior al conjunto bermellón en la primera parte. El gol de Diego Costa hizo justicia, en ese sentido, a la mayor insistencia de los pupilos del Cholo Simeone ante la meta contraria. Otra diferencia a destacar, mucho más notable aún, fue que esta vez no nos pitaron ningún penalti en contra. Bueno, el árbitro sí nos lo pitó inicialmente, pero por fortuna el VAR le hizo ver que había sido un error, circunstancia que reavivó momentáneamente nuestra hoy languideciente fe en la existencia de una posible justicia universal.

En el descanso, Vicente Moreno supo leer bien lo que había estado sucediendo hasta entonces sobre el césped y ya en la segunda parte el Mallorca mejoró de manera sensible en su juego, pero el empuje de sus jugadores no fue suficiente para, como mínimo, poder lograr empatar el partido. Además, de nuevo nos faltó un poco de suerte en algunos momentos clave. Baste decir que los palos ya no los hacemos ahora de uno en uno, sino de dos en dos en un mismo disparo, en este caso del gran Take Kubo. Esa fortuna que nos faltó cuando íbamos aún cero a uno la tuvo luego el Atleti en el segundo gol, con un balón que entró casi llorando en la portería cuando mejor estábamos jugando.

Aun así, no todo fue ayer una sensación de «déjà vu», pues también hubo novedades, en este caso en el apartado de «¡oh, vaya sorpresa!». Así, por primera vez Aleix Febas se quedó en el banquillo y Lago Junior fue sustituido poco antes de que acabase el encuentro. Habrá que estar atentos para ver si esas decisiones pueden ser indicios de que está a punto de iniciarse una pequeña revolución en el once tipo de nuestro querido míster, un hombre que, como nosotros mismos y como los atléticos de corazón, también parece esencialmente nacido para sufrir.
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