21 de noviembre de 2019, 18:25:35
EL DIMONIÓ

Opinión Deportiva


...Y ganamos como nunca

Por Josep Maria Aguiló


Una de las frases que, merecidamente, ha pasado ya para siempre a la historia del fútbol y también a la de otros deportes es aquella sentencia mítica de Don Alfredo Di Stéfano que decía aquello de «jugamos como nunca y perdimos como siempre». Parafraseando al maestro, después de ver este domingo el partido entre el Mallorca y el Espanyol podríamos decir que, en nuestro caso, «jugamos como siempre y ganamos como nunca».

Hace unas pocas horas jugamos, efectivamente, como siempre —o como casi siempre— desde nuestro regreso a la Primera División, es decir, con intensidad y con orden en todas las líneas, empezando por la defensa. Es cierto que el rival tenía más posesión del balón que nosotros, pero sin acabar de crear luego ocasiones claras ante nuestra portería, al menos en la primera parte. Como espectadores, seguíamos el partido con la tranquilidad con que se puede seguir hoy un partido en La Liga, es decir, con ninguna.

Una circunstancia que poco a poco nos iba animando era ver cómo iban pasando los minutos sin que tuviéramos grandes ocasiones, ni disparásemos al palo ni nos pitasen un penalti en contra. Y entonces, ocho minutos antes del descanso, llegó el gran gol a lo Zarra de Ante Budimir, tras un perfecto pase de Joan Sastre. Los lectores más jóvenes, que no conozcan quizás quién era Zarra, pueden acudir, si lo desean, a Youtube y buscar las palabras clave «Zarra», «Mundial 1950» y «España-Inglaterra».

La opción de Youtube puede ser también igualmente válida para los lectores menos jóvenes que no pudieron ver este domingo el encuentro en Son Moix. Aquí las palabras clave serían «victoria», «oxígeno» y «tranquilidad». De ese modo, dichos lectores podrán ver también el gol de Budimir y comprobar que en el segundo tiempo, ya con el marcador a favor, el Espanyol apretó y tuvo dos claras ocasiones, que fueron muy bien desbaratadas por Manolo Reina, con la ayuda de Xisco Campos en la segunda de esas jugadas.

Cuando más cerca parecía estar el partido de un posible empate del Espanyol, llegó el balsámico gol de Salva Sevilla, que a la postre acabaría sentenciando este duelo futbolístico. Y así fue, poco más o menos, como jugamos como siempre y ganamos como nunca, entre otras razones porque también fue la primera vez en que logramos los tres puntos dejando nuestra portería a cero. Esta vez, ¡por fin!, no se cumplió para nosotros la contundente y fatalista sentencia de Don Alfredo.
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