20 de noviembre de 2019, 19:11:25
OPINIÓN


Por la condena del comunismo

Por Gabriel Le Senne


Societat Civil Balear, con la colaboración de PLIS. Educación por favor, ha presentado un estudio de 171 páginas en que se demuestra el alto grado de adoctrinamiento de los libros de texto de Lengua Catalana y Literatura más utilizados en primero y segundo de Bachillerato, en Baleares. No dejen de echarle al menos un vistazo porque vale la pena, sobre todo si tienen hijos o nietos en edad escolar. Conviene advertirles de los sesgos que describe el estudio, para inmunizarles todo lo posible contra la manipulación.

Me interesa destacar que el adoctrinamiento no es sólo nacionalista, más conocido y denunciado, sino también socialista o comunista (digamos marxista, para entendernos). Así, el informe señala la diferencia de trato entre la condena sin ambages que merecen regímenes totalitarios como el nazismo o el fascismo, frente a la calculada ambigüedad con que se trata al igualmente totalitario comunismo. Mientras que el fascismo, el nazismo y el franquismo fueron sistemas de "represión efectivos y dominantes, con líderes populistas y demagogos", la Revolución rusa "fue una ilusión de gran potencia para intelectuales, escritores y artistas", por ejemplo.

A este respecto es muy importante y alentadora la Resolución que adoptó el Parlamento Europeo el pasado 19 de septiembre equiparando la condena que merecen nazismo y comunismo. La parte expositiva de la Resolución recuerda que el origen de la Segunda Guerra Mundial se halla en el pacto Molotov-Ribbentrop entre la URSS comunista y el Tercer Reich nazi, el 23 de agosto de 1939, por el que ambos países se repartieron Polonia, que a continuación invadieron simultáneamente, cada uno por su lado. Ese mismo día, 23 de agosto, fue declarado en 2008 Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo.

Este sábado día 9, 30º aniversario de la caída del Muro de Berlín, se presenta en Madrid la iniciativa "Por un Nüremberg del comunismo", con la participación de un cartel de lujo. ¡Sólo 30 años desde la caída del Muro, y ya tenemos de nuevo -o seguimos teniendo- el comunismo a las puertas! La iniciativa, evidentemente, busca una condena social del comunismo equivalente a la del nazismo. Nazismo y comunismo coinciden en lo esencial: en ambos el Estado asume el control total de la vida de los ciudadanos, ignora los derechos individuales más esenciales, empezando por la vida, y acaba cometiendo los crímenes más espantosos que se pueda imaginar.

Y sin embargo, uno de nuestros cinco grandes partidos apenas disimula su comunismo y, por ejemplo, se solidariza con las dictaduras hispanoamericanas. La venezolana, sin ir más lejos, que traslada los crímenes y la miseria estalinistas al presente, forzando el exilio de millones. Por no hablar de la pléyade de partidos nacionalistas que también son marxistas, es decir, que son nacional-socialistas, o de los extraparlamentarios aún más radicales que Podemos, o de esos grupos violentos antifascistas, tan parecidos a lo que dicen combatir.

Aún más: esta condena asimétrica del totalitarismo viene refrendada por la propia Memoria Histórica selectiva y maniquea que apoya nuestro Gobierno: el mismo día que exhuma a Franco, ¡va Sánchez a poner flores a las “Trece Rosas”, miembros -o miembras- de las Juventudes Socialistas Unificadas, organización marxista a cargo de varias checas!

Mucha gente está hasta las narices de mentiras, como he podido comprobar con el éxito de mi reciente artículo “Franco, mal menor”. Éxito modesto, pero nunca ningún artículo de los que llevo escritos en mi breve carrera llegó a tanta gente ni suscitó tantas reacciones, en su inmensa mayoría positivas. Hasta algunos me acusaron de tibio.

Si es que es de sentido común: todo totalitarismo debe ser condenado, sea de extrema derecha o de extrema izquierda. Los extremeños se tocan, como dijo aquél. Basta ya de sesgos. Y basta ya de contar mentiras, sobre todo a nuestros hijos.
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