8 de diciembre de 2019, 11:44:28
OPINIÓN


Cartas Nigerianas

Por Francesca Jaume


“Cada dia neix un beneit, només fa falta trobar-lo”. Esta famosa frase atribuida a Joan March bien podría ser la explicación a la gran estafa producida por los cerebros de la trama de las cartas nigerianas que se enfrentan esta semana a un juicio en el que les solicitan importantes penas de cárcel -ya veremos luego en qué queda la petición- por haber estafado miles de euros.

No existen duros a tres pesetas, y creerse lo contrario es lo que llevó a una serie de incautos (prefiero esta calificación a la que daba March) a realizar unas aportaciones económicas en pro de una interesante inversión que resultó no ser tal. Llama la atención que se pueda ‘picar’ cuando se recibe una carta ofreciendo estas sucosas inversiones sabiendo que existe mucha información sobre este tipo de tramas.

Sin embargo, y dejando de lado las precauciones -o no- tomadas por los estafados, la pregunta es si se llevan a cabo las oportunas investigaciones para desarticular estas bandas de delincuencia organizada. Es cierto que existen dos principales obstáculos, un técnico y otro legal. El técnico es la dificultad de seguimiento de correos electrónicos enviados desde cualquier punto del planeta alojados en servidores aún más escondidos (si ya le resulta difícil a la Justicia conseguir que Facebook aporte información imaginaros qué se puede conseguir de una empresa alojada de Kuala Lumpur), y el legal es que, la estafa es un delito de resultado, esto es, si no se perfecciona, no hay delito.

En una ocasión, y viendo que mi carpeta spam se estaba llenando de este tipo de emails decidí acudir a la Guardia Civil para aportar la información por si se creía oportuno incorporar los datos que tenía a sus investigaciones sobre este tipo de estafas. La respuesta que recibí fue que se guardaban los emails que había recibido pero que difícilmente podrían hacer nada al respecto. Salí del cuartel con cierta sensación de impotencia.

Por lo tanto, ante la dificultad de atrapar a estas bandas de delincuentes antes de la comisión del delito, sólo queda avisar para que se extreme la precaución y nadie se crea que aportando 6.000 euros a un número de cuenta desconocido en dos meses va a recibir 600.000 euros. Los Reyes Magos no escriben por email.
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