9 de abril de 2020, 13:49:56
OPINIÓN


En otros planetas

Por Josep Maria Aguiló


Siendo aún un niño, recuerdo que siempre me hizo una especial ilusión pensar que tal vez podría haber vida inteligente también en otros planetas. Así, imaginaba que quizás un día vendrían a visitarnos representantes de alguna muy avanzada civilización extraterrestre, como veía entonces en películas, series y documentales de televisión.

En aquellos años, pensaba que si un día finalmente vinieran esos seres, seguramente sería en son de paz. Al mismo tiempo, creía que esos extraterrestres serían unos seres muy parecidos a nosotros, a pesar de que algunas películas de ciencia ficción de los años cincuenta me hacían albergar ciertas dudas acerca de ambas creencias personales. Estoy pensando ahora en «La invasión de los ladrones de cuerpos» (1956), de Don Siegel, o en «Me casé con un monstruo del espacio exterior» (1958), de Gene Fowler Junior.

Por otra parte, me preocupaba de una manera muy especial la posibilidad de que las hipotéticas naves alienígenas que estuvieran surcando el cosmos no llegasen a descubrir que en nuestro planeta había vida, salvo en el caso de que decidieran acabar posándose en algún punto minímamente habitado de nuestro planeta. Otra cuestión que me intrigaba era si esos seres serían capaces de poder percibir los colores como nosotros lo hacemos, aunque de hacerlo, seguramente dirían —en su propio lenguaje extraterrestre— que el nuestro es un hermoso planeta azul.

Además, también descubrirían que en la Tierra hay personas que nacen, viven y mueren, personas que aman u odian, que están tristes o alegres, que sueñan o sufren en muchos rincones. Esos seres descubrirían igualmente que en nuestras vidas influyen misteriosamente los satélites y las estrellas, y que el mundo ha cambiado y sigue cambiando mucho en su superficie, aunque desde el cielo quizás no lo parezca.

Como durante mi infancia yo era una persona especialmente predispuesta a las ensoñaciones, en ese contexto de posibles visitas más o menos inminentes de alienígenas me imaginaba a veces subiendo a una nave espacial al amanecer y dando una pequeña vuelta por el Sistema Solar, para estar ya de vuelta en casa a la hora de la cena, para poder ver luego tranquilamente en la televisión «Star Trek» o «Espacio 1999».

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