28 de mayo de 2020, 0:58:54
OPINIÓN


Distintas formas de obsesionarse

Por Joana Maria Borrás


El coronavirus (covid-19 para los amigos) es interpretado de formas muy distintas según el carácter de quien lo comente. Los hay, hipocondríacos, que se obsesionan con tener mascarillas en casa o con pasearse por la ciudad o los aeropuertos como si de actores extras de una película de serie B se tratara. Otros, que se pueden permitir cambiar el paseo matutino por el parque por un paseo hasta el centro asistencial más cercano, deciden solicitar que se les haga una prueba para detectar el virus, colapsando de esta manera la sanidad pública y privada. Lo hacen sin mala intención para pasar el rato, para modernizar (por decirlo de alguna manera), su quehacer diario, y convertirse en protagonistas de las noticias por un momento.

Mientras en algunos Países se prohíben las concentraciones multitudinarias , las clases, las visitas en las residencias de ancianos; en otros, los campos de fútbol siguen abarrotados, hay largas colas para besar pies o manos en las iglesias e incluso en algunos lugares dónde nunca se concentra para reivindicar nadie absolutamente nada, de repente se organizan tractoradas (la mayor tractorada vistas en las islas), o concentraciones para defender la reparación de alguna zona de la costa. Nunca dejara de asombrarme ese carácter tan raro de los isleños (a pesar de ser mallorquina), que nos hace pasar absolutamente de todo (de la república, de la independencia, de la monarquía, de la posibilidad de recibir más dinero del Estado, de tener la ciudad más bonita y más aburrida del mundo, de tener una lengua en peligro de extinción, por poner solo algunos ejemplos) y al mismo tiempo nos haga ser capaces de concentrarnos multitudinariamente cuando los demás están dejando de hacerlo por precaución. Somos raros, no hay otra explicación al hecho de que siempre vayamos al revés.

Al margen de las reivindicaciones políticas de todo tipo, hay otros que ni se ponen mascarilla, ni quieren ir a un centro asistencial, ni se compraran geles a precio de oro para lavarse las manos, pero que desde que se levantan hasta que se acuestan piensan que todo esto es un montaje. He escuchado teorías de todo tipo: es una situación programada para someternos todavía más; un complot de algunos Países contra otros; una humareda para despistar mientras algunos van a hacerse más ricos todavía. Luego están los que dicen que algo más tiene que haber detrás de esto, desde el punto de vista sanitario, y la OMS (organización mundial de la salud), no habría organizado este caos si en realidad la cosa fuera para menos.

Como la mascarilla no son sino formas de obsesionarse con respuestas a preguntas que no existen porque nadie nos ha dado vela en este entierro y no nos queda otra que, como peones en un tablero de ajedrez, estar a la espera de que el jugador de turno nos agarre la cabecita y nos lleve hasta el cuadrado que elija a su voluntad, para esperar el turno del contrario y ver si ha habido suerte y seguimos avanzando o no.

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