29 de mayo de 2020, 19:19:31
ÁGORA


Baleares destino seguro o "El cuento del País de Nunca Jamás"

Por Juan Miguel Ferrer


Aunque nuestra geografía nos hace privilegiados para contener y controlar el Covid-19, puede que nuestros dirigentes lo entiendan mejor con un cuento de hadas:

Érase una vez, unas islas preciosas perdidas en medio de un mar turquesa que las aislaba de otras gentes que vivían muy lejos, algunas a más de 3500 km. En ciudades con aeropuertos modernos y preparados para enviarles de vacaciones a esas islas privilegiadas, por su naturaleza, su gente, su gastronomía. Era el paraíso más cercano que conocían.

Allí habitaban unos gobernantes que querían la máxima seguridad para sus ciudadanos. Preocupados por su salud y el abastecimiento de comida, y conscientes de la necesidad de acoger a esas gentes deseosas de viajar, decidieron adelantarse al problema y empezaron a tener conversaciones con esos países.

Se trataba de explicarles que allí la situación estaba temporalmente controlada y mejor que en otros lugares del mundo y que se les ocurría la idea de establecer pasillos de enlace seguro para que esas gentes que quisieran pudiera venir. De punto seguro a punto seguro, con controles en la salida y en la entrada, para ciudadanos inmunes que hubieran pasado el virus y para personas mayores de edad y menores de 60 años que dieran negativo en los tests.

Con ello se garantizaban un flujo continuo y controlado de ciudadanos y ambos países ganaban. Unos porque iban de vacaciones y los otros porque movían poco a poco su economía y daban un ejemplo de innovación turística creando el primer corredor sanitario de turismo del que muchos otros países después se podrían beneficiar como modelo. Y todos se movían y vivían sanos y salvos. Estaban felices y contentos.

Era muy posible que otros destinos y ciudades del planeta, recelosos, pondrían toda clase de problemas a tal medida sin saber que si era bueno para las islas, seria bueno para otros que podrían copiar el modelo. Por eso, los gobernantes de las islas lo hicieron bien y se apoyaron en auditores y consultores internacionales, y hablaron con autoridades sanitarias y aeroportuarias con las que trazar un plan de procesos rigurosos.

Hace pocos días, presidentes de lugares más lejanos se preguntaban cómo volver a volar, con que normas, que clase de tarjeta sanitaria deberán tener los viajeros. Y allí estaban, los hábiles dirigentes de las islas tomando la delantera, proponiendo las nuevas reglas para volar, con sus pasillos seguros.

No fue fácil, porque lógicamente, hoteleros y restauradores no pudieron abrir todos sus negocios pero sí que empezaron con cierta actividad latente. Por suerte, todos los que dependían del negocio de traer visitantes, pudieron, al menos, respirar durante un tiempo.

Y además los gobernantes del País de Nunca Jamás decidieron subvencionar la Seguridad Social al 50% hasta junio del 2021, permitieron reducir contratos a la mitad al personal de esas empresas, autorizar turnos del personal por meses para compensar paros junto con la administración, ayudar a las aerolíneas y touroperadores, reducir los tributos locales como ya hicieron algunos ayuntamientos de manera ejemplar.

Eran ayudas para hacer una sociedad mejor, capaz de superar amenazas como la incertidumbre de los fijos discontinuos, la amenaza de los Eres, las bajas de autónomos, la quiebra de las empresas, la economía sumergida, manifestaciones, protestas, familias destrozadas, suicidios, robos, violencia…el caos.

No hacía falta ser economista para entender que el País estaba en quiebra, que ninguna empresa, autónomo o familia podía endeudarse por encima del total de sus ingresos. Y por esa razón holandeses, suecos y alemanes no confían en los gobernantes de los que depende el País de Nunca Jamás cuando proponen los Corona Bonos, que sí podría ser de las pocas soluciones viables para salvar la comunidad europea.

El cuento es un recurso muy útil. En este relato, se ilustra la posibilidad de adelantarnos a muchos de estos problemas para poder dar algo de luz al resto de comunidades, archipiélagos (Canarias que empieza su temporada en octubre) y resto de Europa. Una ruta para trabajar por encima de las ideologías y gestionar para el bien común de las personas.

Estas islas, generadoras de riqueza, se han ganado el bienestar de sus gentes con la labor emprendedora e innovadora de individuos que siempre han sido solidarios con el resto de España y de Europa.

De nuevo, debemos encontrar vías de solución y abanderar este espíritu dando ejemplo y buenas prácticas, nos lo agradecerá Europa y nuestras próximas generaciones.

Juan Miguel Ferrer, vicepresidente de CAEB Restauración

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