3 de junio de 2020, 15:39:34
PUNTADAS


Cancelado el circo matutino del Covid-19

Por Joan Miquel Perpinyà


El Gobierno de España ha decidido cancelar el espectáculo que diariamente, alrededor de las 12 del mediodía, se venía representando en la sala de prensa del complejo presidencial de la Moncloa, con el título de “Rueda de prensa del Comité técnico de seguimiento de la pandemia del Covid-19”. Tras 41 días de representación ininterrumpida, los organizadores han decidido ponerle fin. Se trata de una magnífica noticia porque lo que comenzó siendo algo interesante ha llegado a convertirse en una escenificación absolutamente deplorable y lastimosa de la gestión de la crisis sanitaria por parte de unas personas que todos creíamos con cierto talento, pero nos equivocábamos de cabo a rabo. Ni para secundarios servían.

Al director y protagonista de la obra, el experto epidemiólogo Dr. Fernando Simón, sabio entre los sabios, (el único médico que informaba a diario, en evidente minoría en el conjunto del staff), hay que darle un Goya porque era capaz de representar tantos papeles como hiceran falta, aunque todos ellos con bastante mediocridad. El experto que minusvaloró públicamente el riesgo que suponía el coronavirus, está absolutamente desacreditado para actuar en una sala tan prestigiosa como la Moncloa y aún más para sacar el país adelante. Su imagen estará siempre asociada al fracaso que representa la brutal cifra de víctimas mortales, alrededor de 23.000 (por ahora y según el cuestionado recuento oficial). Se estima que el accidente nuclear de Chernobyl le costó la vida a 9.000 personas, háganse una idea. Porque por más que haya resultado voluntarioso, los resultados cantan. Al final, ya al límite de su resistencia, como él mismo admitió, se permitió el lujo de censurar a los críticos teatrales que analizaban la actuación de la compañía teatral que dirige. Suerte que ahora le veremos menos.

Otro personaje cuya actuación debemos destacar ha sido el general del Ejército del Aire Miguel Ángel Villarroya, jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), llamado a interpretar un papel pulcro y correcto pero desde el primer día decidió hacer sus pinitos como coach youtuber sobre las tablas de la sala de prensa monclovita. Tratando a los ciudadanos de soldados y al personal sanitario de primera línea de defensa (por aquello de usarlos como carne de cañón), trató de insuflar espíritu militar en una sociedad notablemente antimilitarista e indisciplinada como la española. Al menos fue sincero porque siempre nos consideró unos subordinados que debían obedecer y callar.

Los dos restantes uniformados que completaban el elenco, las cabezas pensantes del Cuerpo Nacional de Polícía y de la Guardia Civil, parecían encargados por el JEMAD de pasar por un Consejo de Guerra a todos aquellos ciudadanos (perdón, soldados, todos soldados con el Rey al frente) que no obedecieran con presteza y exactitud las órdenes recibidas. Y a fe que lo hicieron, solo que ordenando el fusilamiento de tanta gente que no tiene comparación con ningún otro país de Europa. En su actuación se vinieron arriba progresivamente y acabaron dando cuenta de robos de naranjas y difusión de pornografía infantil, asuntos graves pero alejados de la cuestión que les llevaba a subirse al escenario, que no era otro que la pandemia del coronavirus, algo que a ellos pareció habérseles olvidado.

Tanto se les olvidó que el general José Manuel Santiago, jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, acabó por confesar algo inconfesable y manifiestamente ilegal: que trabajaba para minimizar las críticas al Gobierno de Pedro Sánchez por su gestión de la pandemia. No en vano, fue el Gobierno del PSOE el que lo encumbró al generalato.

En resumen, que habiendo degenerado hasta límites insoportables para el respetable y siendo las críticas lacerantes en demasía, tanto para los artistas como para el promotor del circo, se cancelan todas las representaciones previstas aunque no se disuelve la compañía, que es lo que debería suceder. Quedémonos con los grandes momentos que nos han hecho pasar con sus payasadas, sus errores garrafales, su miedo escénico y los lapsus que les llevaron a decir una cosa y la contraria al día siguiente. Vale más reír que llorar.

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