29 de mayo de 2020, 18:12:15
OPINIÓN


Responsabilidad Social tras el COVID-19

Por Beatriz Vilas


En los últimos años, en el mundo empresarial, se puso de moda el concepto de responsabilidad social corporativa, un término que acercaba al mundo de las organizaciones , a los problemas sociales, del ser humano y del mantenimiento sostenible del planeta.
Las grandes corporaciones, intentaban hacerse más cercanas y cuidar más a sus trabajadores y a la sociedad, ampliando su fin, no solo a uno económico, sino a uno que contribuyera a una sociedad más humana y sostenible. A todos los trabajadores y empresarios se nos llenaba la boca con el concepto de ayuda, ONG y humanismo, pidiendo a las grandes organizaciones que hicieran algo más por el planeta y por los que habitamos en él.
No obstante, cómo suele decirse, la casa ha de construirse desde sus cimientos y no a la inversa y tras esta gran crisis, una como jamás habíamos vivido los que ahora habitamos nuestro mundo y solo comparable a la crisis de principios de siglo XX, con la posguerra mundial, seguida de la denominada Gripe Española, (1919-1920), que asoló todo Europa, nos encontramos nuevamente ante una posible pérdida de valores sociales y personales, en post de una reinvención económica-social.
Y estos días esta crisis ya se deja ver en nuestras calles cuando, después de dos meses de confinamiento, nuestra sociedad vuelve a salir a la calle y lo hace como si no hubiera pasado nada, sin tomar las medidas preventivas adecuadas, que se nos recomiendan y con una necesidad brutal de salir de fiesta , a los bares y de paseo, como si hubiéramos estado confinados en mazmorras sin probar alimento, sufriendo enormemente.
Esta actitud de la población que forma la base de nuestra sociedad, el ciudadano de a pie, que está más interesado por salir a los bares y a pasear, que por saber cómo vamos a reconstruir una economía que se tambalea y una sociedad que se desmorona y combate entre el mundo que teníamos y ya nunca volverá y el nuevo orden, me deja totalmente perpleja.
El nivel de inconsciencia colectivo de nuestra sociedad, es totalmente vergonzoso.
Un tanto por ciento elevado de nuestra sociedad, que sale a la calle sin las medidas pertinentes, mascarillas, guantes, protecciones, para no contaminar al resto y contagiarse ellos mismos, son los que pretendemos que saquen adelante este país.
Una población que está más preocupada por irse al bar de la esquina a tomar unos vinos que por saber cómo puede ayudar a su empresa a salir hacia adelante en esta crisis que estamos viviendo, o cómo puede aportar algo a la sociedad, ayudando a las personas que realmente ahora no tienen cómo hacerlo, porque no tienen sus mínimos de supervivencia cubiertos.
Esa sociedad que ha vivido estos dos meses, gracias a aplausos, Netflix e internet y ahora salen a divertirse como si todo ya estuviera solucionado, ¿es la misma que debe salvarnos de la crisis que no ha hecho más que empezar?
Me quedo realmente perpleja de la poca responsabilidad social de esa gran parte de la población, que está más interesada en saber cómo puede hacer un deporte, que nunca hizo antes, que de aprender a aportar algo a la sociedad para que entre todos creemos un nuevo mundo mejor.
Eso si, después esos mismos, serán los que criticarán a nuestros dirigentes, señalando con el dedo sus errores y sin tener en cuenta lo que han podido hacer de positivos y serán los mismos que se les llenará la boca diciendo que los empresarios son unos explotadores y que tienen sus derechos y que no van a renunciar a sus vacaciones o salarios.
Tendremos que construir unas nuevas bases sin olvidar que esos cimientos, se tambalean desde el comienzo, porque una vez más, una gran parte de nuestra sociedad, nos recuerda el poco civismo que impera en las calles y lo difícil que será volver a reinventarnos de la mano de personas que padecen de ”ombliguismo”, pensando que tienen todos los derechos, pero ninguna obligación.
Solo nos queda esperar que entre toda esa gentuza, que solo piensa en divertirse, salga un movimiento con sentido común, que sea consciente de querer cambiar las cosas y arrimar el hombro, para crear una sociedad que nos ayude a todos a empezar de nuevo con esa responsabilidad social que pedimos a los que nos dirigen.
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