29 de mayo de 2020, 19:57:55
OPINIÓN


Vivir sin miedo

Por Carmen Cordón


Séneca le dijo a Nerón, “Tu poder radica en mi miedo; ya no tengo miedo, tú ya no tienes poder”. Miedo, miedo, miedo… el viejo truco del poder que, unido a la ignorancia, todos a obedecer.

Me preocupa mucho la idea de que en los últimos dos meses de cuarentena, confinamiento impotente y aturullamiento informativo* (*dícese del estado de saturación mental derivado del sometimiento sin control a una mezcla de acoso de propaganda política junto con océanos de información de un milímetro de profundidad en los que nadamos todos) la gente nos hemos hecho a la idea o, más bien, al ciudadano de a pie se nos ha comido el coco con la idea de que para que los humanos ganemos nuestra “guerra mundial” al microbio éste sólo hay dos caminos. El primero, malvivir, o sea, taparnos la cara con un cacho de tela o papel (bueno, eso según el día y el pie con el que se levanta nuestro desgobierno); cenar frente a mamparos de metacrilato; vigilarnos los unos a otros para acusarnos de insolidarios por recibir en nuestra casa a quien nos parezca; ser estigmatizados socialmente por elegir vivir libres defendiendo la antigua normalidad; odiar a los jóvenes por ser jóvenes y querer salir a darse un garbeo en pandilla; no volver a ir a ver un partido de futbol, un concierto o bailar al son del Reggaetón en una discoteca y ya ni hablemos de darnos un revolcón con un desconocido (hay preservativos, pero para los besos en la boca no hay nada inventado)… Podría seguir y seguir ahondando en ese malvivir. Y el segundo: la obediencia ciega al gobierno, el único omnipresente e irrevocable conocedor de lo que realmente necesitamos para salir de ésta. Ese gobierno infalible que retrasó el combate contra la epidemia para que todos fuésemos a la manifestación del 8 M. Ése que compró test basura a empresas de amigos del PSOE y trinca millonadas pagando caro un material caduco e inservible pero avala que lo usen nuestros sanitarios condenándolos al contagio. Ese mismo que pasa del “las mascarillas no son necesarias” al “prohibido salir sin ellas”. Ése que oculta el número de muertos, que no nos hace test, que sigue asfixiando la economía y que, cuando ya vamos por 8 millones de parados, tiene la ocurrencia unilateral de someter a una cuarentena de 15 días al bendito turista que quiera venir a España. Ése… ¿nos va a salvar? Me da a mí que no.

Pues, tengo una muy buena noticia. Hay un tercer camino. Se llama vivir sin miedo o también se puede llamar tomar las riendas de nuestras vidas con responsabilidad individual, defender la democracia y no dejar que nos roben la libertad.

Hemos sufrido mucho, pero ahora sabemos más. Sabemos que el perfil de mortalidad por edades de Covid 19 es parecido al de la gripe estacional, con la salvedad de que afecta mucho más y muy peligrosamente a nuestros mayores. Más del 95% de las personas fallecidas por Corona fueron mayores de 60 años, pero la tasa de fatalidad de los infectados menores de 60 años ha resultado ser realmente baja (del 0,08%). Estadísticamente, una persona sana menor de 60 años tiene más probabilidades de morir en un accidente de moto que por Corona Virus, pero no por eso se han dejado de vender vespas. Entonces ¿por qué persistir en estados de alarma, en parar la economía, en el confinamiento de niños sin colegio, de trabajadores y de personas jóvenes y sanas?

De pronto la libertad se ha vuelto impopular, se ha asociado con la irresponsabilidad, cuando en realidad libertad y responsabilidad son inseparables. De hecho, renunciar aborregadamente a la libertad no es un acto de responsabilidad, es justo lo contrario. Quien decide no ser libre no es porque sea más responsable, sino porque es un irresponsable que quiere que otros decidan por él… Cojamos entonces el toro por los cuernos, cuidemos a nuestros mayores, preparémonos para hacer frente a la segunda ola del bicho haciendo acopio ingente de respiradores, aislamientos selectivos y lo que sea menester y todos los demás a trabajar, a consumir, a viajar y a recibir con responsabilidad, pero con los brazos abiertos a los millones de turistas que regaban nuestro país con su interés por nuestra maravillosa cultura y nuestra simpatía.

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