29 de mayo de 2020, 20:02:59
OPINIÓN


Todo va a salir mal

Por Gabriel Le Senne


Uno de los eslóganes propagandísticos de los inicios de esta crisis fue “todo va a salir bien”, normalmente acompañado de un arcoíris. Si bien podía tener un pase para no preocupar a los niños, siempre lo vi con antipatía si se dirigía a los adultos, porque estaba claro que muchas cosas no iban a salir bien. Cuando ayer vi una foto en el periódico con la frasecita, a estas alturas, me pareció una falta de respeto, considerando los 28.000 muertos oficiales, 50.000 reales según diversas estimaciones.

Perdónenme, pero no trago con la hipocresía, ni con los eufemismos, y mucho menos con la lisa y llana mentira. Y si algo está quedando claro es que el Gobierno se ha acostumbrado a mentir sin consecuencias. Para muestra un par de botones.

Las mascarillas. Al comienzo de todo esto, circuló un video muy bueno que nos remitían desde Chequia, donde recomendaban a todo el mundo usar mascarillas, las que fueran. Sin embargo, aquí el Gobierno hasta las ha desaconsejado reiteradamente. Ahora Fernando Simón ha admitido públicamente que lo dijeron porque no había mascarillas. Podían haber reconocido su necesidad, haber reservado las buenas para los hospitales, y haber recomendado a la población que consiguiera lo que pudiera. Hoy, tras 66 días de estado de alarma, las mascarillas son obligatorias. ¿Cuántos miles de vidas, cuánto sufrimiento y ruina económica ha costado su mentira?
Otra. Recientemente ha trascendido que Fernando Simón firmó un informe el 10 de febrero donde se reconocía el alto riesgo de contagio del coronavirus y su letalidad. Además asistió a una reunión con sus colegas de la UE los días 18 y 19 de febrero donde al menos Francia, Alemania y Holanda alertaron de lo que se avecinaba. Luego han tenido la desfachatez de asegurar que “no se podía prever” y que “todo el mundo está igual”, cuando abundan los rankings que evidencian que somos los peores en muertes e impacto económico.

La adopción de medidas tempranas ha sido lo que ha distinguido a los países que han salido airosos de aquellos con que el virus se ha cebado. El Gobierno actuó tarde, y por eso el confinamiento ha sido tan estricto y prolongado. Pero además, está actuando también tarde y mal en el desconfinamiento. Tanto, que está alimentando las sospechas de que quiere prolongar aposta este abuso del estado de alarma, manteniendo secuestrados nuestros derechos fundamentales.

Siendo muy benévolos, el manejo de la crisis sanitaria podría atribuirse a la incompetencia. Pero, ¿y la economía? Ahí sin duda hay también incompetencia, pero se trata sobre todo de un problema ideológico: el izquierdismo radical del Gobierno se está traduciendo en intervencionismo y en la exigencia inflexible de los impuestos en vigor, a los que previsiblemente se añadirán pronto subidas notables.

Circula una cita atribuida a Einstein, probablemente apócrifa, que viene a decir que si haces lo mismo, normalmente obtendrás los mismos resultados. Pues bien, el socialismo, no digamos su extremo comunista, siempre obtiene los mismos resultados económicos: la miseria. No sólo está demostrado teóricamente por Mises, Hayek o Huerta de Soto, sino que tenemos lo más aproximado a experimentos empíricos que pueden encontrarse en ciencias sociales: Alemania Federal vs Alemania Oriental; Corea del Norte vs. Corea del Sur; China vs. Taiwan, Venezuela vs. Chile, etc. No falla. Las sociedades sólo prosperan en la medida en que se permite a sus ciudadanos trabajar libremente, dentro de un marco jurídico sólido que ofrezca seguridad.

Por eso digo, volviendo al título de este artículo, que con este Gobierno “todo va a salir mal”. La UE puede ayudarnos imponiendo condiciones sensatas al rescate, inevitablemente doloroso, pero debemos quitarnos al menos al comunismo de encima.

¿Quiero con esto privarles de cualquier esperanza? Claro que no. “La esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido, sin importar su resultado final”, dijo Václav Havel (gracias, María). Y la vida siempre tiene sentido. Ya verán como pronto llegan tratamientos para el virus. Pero debemos aguantar, aprender, y, ante todo, volver a la antigua normalidad constitucional.

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