19 de octubre de 2020, 17:47:44
OPINIÓN

Opinión mallorcadiario.com


Monarquía, República o...

Por Jaume Santacana


Aunque me considero un feroz consumidor de información y análisis político, no suelo escribir sobre el tema; tampoco acostumbro a escribir sobre materias de actualidad. No se los motivos que me inducen a practicar esta particularidad por omisión ni me he dedicado a reflexionar sobre este hecho en particular.

Hoy, sin embargo -y sin que sirva de precedente- me he decidido a verter algo de tinta virtual para intentar describir, en cuatro lineas, mi posición, siempre superficial i epidérmica, sobre una de las cuestiones que desborda el panorama informativo actual español: la situación de la monarquía española en el momento actual. La otra cuestión, como pueden imaginar, es también preocupante; se trata de la pandemia sanitaria, social y económica que se cierne, con crueldad, sobre el país.

Debo confesar, en primer lugar, mi no adscripción a la institución monárquica en general. También aprovecho esta oportunidad que me brinda este magnífico medio de comunicación digital para declarar, solemnemente, mi no adscripción al sistema republicano. Y para poner punto final a este ejercicio de sinceridad participativa, también deseo expresar mi nula participación en ninguna de las sociedades políticas que operan en España ni en Catalunya, mi lugar de residencia habitual. Jamás he militado en ningún partido político ni asociación adjunta; nadie me lo ha pedido ni yo lo he solicitado. Hecha esta declaración de principios, no me queda más remedio que disparar al aire algunos conceptos que me rondan por la cabeza.

Desde luego -y soy un apasionado del estudio de la Historia- cabe afirmar que la historia de la dinastía borbónica deja mucho que desear. Por lo menos, del recorrido de esta rama de dicha estirpe, a poco que uno escarbe en su biografía, tendra claro que la transparencia ha brillado por su ausencia en casi todas sus etapas de reinado. De entrada, en los últimos 200 años, los reyes de España (excepto Felipe VI, de momento) han tenido que exiliarse del territorio, salpicados de una u otra manera por la corrupción sistemática.

“María Cristina me quiere gobernar... y yo le sigo la corriente”. Así reza la famosa tonadilla referida a la esposa de Fernando VII quien junto a su segundo marido (Agustín Fernández, un perfecto desconocido) arrasaron con comisiones sobre tráfico de esclavos de Cuba y con todo lo relacionado con las obras públicas, sobre todo, con el ferrocarril.

Su hija, Isabel II protagonizó uno de los ejercicios de poder más corruptos de todas las épocas: reclamaba agobiada por sus deudas- un 25% de la venta de bienes que no eran suyos sino que eran propiedad de la nación hasta que la Revolución (la Gloriosa, en 1868) la mandó al exilio.

Alfonso XII vivió exiliado junto a su madre hasta que fue proclamado rey. Murió a los 28 años; quizás no le dio tiempo...

Su hijo, Alfonso XIII, quien le sucedió (apodado como el “Rey del Cabaret”, según Unamuno, forjó la conocida frase de Valle Inclán cuando soltó, cuando el advenimiento de la Segunda República, que “No echamos a Alfonso XIII por anticonstitucional si no por ladrón”. Pasó -en pleno desastre militar de Annual, en Marruecos- todo el verano de 1921 en el casino de Deauville, en la región de Calvados, Normandía, Francia. Allí firmó un acuerdo con su propietario para promocionar el casino con su estancia a cambio de 50.000 francos y el 1% de todas las ganancias de las apuestas.

Ya Don Juan de Borbón, exiliado profesional, dejó en herencia a sus tres hijos (entre ellos Juan Carlos) unos mil millones de pesetas en cuentas suizas.

Hoy, sobre Juan Carlos I van cayendo sospechas realmente (y nunca mejor adverbio) abrumadoras por cobro de comisiones y vida disipada con gastos millonarios y cuentas brutales en los bancos suizos. ¡Ole!

Claro está, uno, ante este panorama ofrecido por el retrovisor de la Historia, no está por la labor de declararse monárquico; al menos con esta dinastía. Si fuera otro linaje, ya hablaríamos.

Reconozco que si viviera en otro país monárquico -otro país con más historia democrática en su haber- igual yo sería monárquico, pero, en la actualidad, con un Rey emérito huido no se sabe donde, sin más explicaciones que una carta mandada a su hijo Felipe (a saber quien la redactó...) y sin ningún mensaje a la ciudadanía (ni del emérito ni del “marchado”) no es posible pensar en la tan tatareada neutralidad institucional ni tan siquiera en una simple formalidad o, ya puestos, educación. Por cierto, el actual Rey se olvidó de la neutralidad en su discurso del 3 de octubre justo después del referéndum catalán y pronunció una arenga basada en el “a por ellos” más radical, sin más matices.

En fin, repito, tampoco soy republicano, pero, vamos, con estos antecedentes lo mínimo que se puede ser es “antimonárquico” o “antiborbones”.

Luego, ya se verá.

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