www.mallorcadiario.com

La extinción de las lenguas

martes 08 de agosto de 2017, 02:00h

El sábado pasado falleció el eximio lingüista, profesor y catedrático, Jesús Tuson, un defensor infatigable de la diversidad lingüística, que consideraba uno de los mayores tesoros del patrimonio cultural común de la humanidad.

Las lenguas no son solo un vehículo de comunicación y un signo de identidad, uno de los más importantes, de sus hablantes, son también la expresión de su alma, de su cosmovisión, de su ethos colectivo. Con cada lengua que desaparece, desaparece también el acervo espiritual de la comunidad que la hablaba e, incluso aunque ésta no se extinga, pierde lo que definía su personalidad diferencial y sus conocimientos y peculiaridades acumulados durante siglos.

Los dálmatas perdieron su lengua latina, el dálmata, y adoptaron el serbiocroata, un idioma eslavo meridional. Hoy en día son croatas, Dalmacia es solo una región geográfica dentro de Croacia, y sus habitantes ya no son un pueblo con identidad propia. Como mucho mantienen ciertas particularidades locales, que no suponen niguna diferencia significativa respecto del resto de croatas.

En esta época de catástrofes ecológicas y medioambientales, como el inicio de la más que probable sexta extinción masiva de la historia geológica del planeta, el cambio climático y su fenómenos asociados de deshielo de los glaciares y subida del nivel de los océanos, la disminución de la capa de ozono, con el consiguiente incremento de los niveles de irradiación y la contaminación masiva de la tierra, el agua y el aire por los vertidos tóxicos y la basura industrial, todo ello generado por la actividad humana, se está produciendo otra extinción masiva a la que no estamos presentando suficiente atención, la extinción de las lenguas.

Los expertos vienen anunciando que de las aproximadamente seis mil lenguas que se hablan en el planeta en estos momentos, de aquí a final de siglo se habrán extinguido, como mínimo, la mitad. Se trata de un fenómeno sin precedentes, que implica un brutal empobrecimiento de la nuestra herencia como especie. Nosotros que nos definimos precisamente por nuestra capacidad de comunicarnos y comunicar pensamientos e ideas mediante el lenguaje, en menos de cien años habremos dilapidado la mitad de los sistemas de comunicación que hemos ido desarrollando durante miles de años. Y con ellos desaparecerán los conocimientos, las ideas y las experiencias con los que los forjaron los pueblos que los crearon.

Muchas de las lenguas que se extinguirán son habladas por etnias y pueblos minoritarios que habitan en territorios o países que suelen estar dominados por alguna nación mayoritaria, que suele imponer su propia lengua y tratarlos a ellos y a sus lenguas con ignorancia, desprecio displicente o abierta animosidad, pero siempre con voluntad de asimilación. Es el caso de muchos grupos de aborígenes australianos, de papúes de Nueva Guinea, de etnias minoritarias de Indonesia, de la India, de China, de la Federación Rusa, especialmente siberianos, de indígenas americanos y africanos. Pero también hay lenguas en peligro en la Unión Europea, a pesar de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias, que se supone que obliga a todos los estados miembros a protegerlas e impulsar su conservación, uso y promoción.

En Escocia el gaélico escocés está en peligro crítico y el gaélico irlandés, pese a ser idioma oficial en la República de Irlanda y en la propia UE, no está en mucha mejor situación. El último hablante del gaélico de la isla de Man murió en 1974 y en la actualidad hay un programa de “resurrección” que ha conseguido que unos cuantos cientos de personas hablen manés hoy en día, pero no es su lengua materna y es casi imposible que se consiga revitalizarlo, más allá de su uso en ámbitos folclóricos o literarios aficionados, como ha ocurrido con el córnico, la lengua celta de Cornualles, que se extinguió en el siglo XVIII y que un grupo de diletantes entusiastas intenta revivir desde principios del siglo XX, sin haber conseguido más que unos cuantos cientos de parlantes, que ni siquiera saben si lo que hablan se parece al original, ya que, por supuesto, no hay registros grabados de la lengua tal y como se hablaba cuando era de uso cotidiano hace más de trescientos años. Tampoco es muy halagüeña la situación de la lengua celta de Bretaña, en Francia.

El sorabo o lusacio es una lengua eslava occidental que va malviviendo en dos pequeñas zonas de los länder alemanes de Sajonia y Brandenburgo, lindantes con Polonia y Eslovaquia. El frisón oriental está a punto de extinguirse en las islas Frisias alemanas y alguna zona de Schleswig-Holstein, mientras que el frisón occidental goza de una cierta mejor salud en las Frisias holandesas, pero el número de hablantes no cesa de disminuir.

En Francia, además del bretón, todas las lenguas llamadas regionales están en franca recesión y riesgo de desaparición. Especialmente sangrante es el caso de la lengua occitana, que tiene incluso un premio Nobel de literatura, Frederic Mistral, que escribió en la variante provenzal del occitano. En Italia tampoco es muy prometedora la situación de la lengua sarda, del friulano, o del grecocalabrés y el gracosalentino.

Y en España tenemos el bable asturiano y la fabla aragonesa que están más muertos que vivos. La configuración autonómica del estado después de la transición postfranquista ha permitido una cierta recuperación al gallego, al euskera y al catalán, en sus diversas denominaciones, pero ni mucho menos una normalización completa en sus respectivos territorios.

La pérdida de diversidad lingüística es para la especie humana tan grave como la pérdida de biodiversidad para el equilibrio ecológico del planeta. Los gobiernos y autoridades deberían cuidar y proteger los distintos idiomas de sus territorios y considerarlos una riqueza, un tesoro, pero es sobre todo responsabilidad de los hablantes evitar que sus lenguas desaparezcan. El pueblo de Israel es un ejemplo. Ellos han conseguido recuperar y convertir en su lengua nacional al hebreo, el idioma de sus antepasados que durante dos mil años había quedado reducido solo a su uso en la liturgia religiosa y en ceremonias tradicionales. Su perseverancia, su tenacidad, su persistencia han salvado y rescatado su lengua de un olvido de siglos. Deberíamos tomar ejemplo.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios
Compartir en Meneame