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Gustavo o el largo camino para aprender a activar el alma
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Gustavo o el largo camino para aprender a activar el alma

Cuando me cité con Gustavo sabía que no sería fácil colocar los datos biográficos en el orden que a mí me interesaba. No porque él sea desordenado, todo lo contrario, es porque cuando empieza a contar, emanan vivencias una tras otra y él, que es un apasionado de la charla convierte cada recuerdo en un capítulo histórico y vas saltando de una época a otra sin darte cuenta. Conversar con Gustavo es uno de los placeres que te otorga el sentido del oído. La sabiduría le rozó con una varita mágica y sus esporádicas anécdotas se convierten en aventuras, sus apuntes en vertiginosos viajes hacía la fantasía. Para realizar esta entrevista nos desplazamos tres personas, quien se encargaría de la fotografía, Francisca R. Sampol, el artista Jaime Roig de Diego y quien escribe. Este es el resultado de una visita durante unas horas a su estudio, a su espacio, a su Capdepera…
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Gustavo Peñalver Vico nació el 11 de abril de 1939 en Cartagena, diez días después de finalizar la Guerra Civil Española y del inicio de la dictadura franquista. El 1 de septiembre la Alemania nazi invade Polonia, iniciando la Segunda Guerra Mundial, Francia y Gran Bretaña declaran la guerra al III Reich. Ese mismo año, políticos de la Segunda República Española huyen a Francia, eran fusiladas Las Trece Rosas, fallecían Antonio Machado y Sigmund Freud, se publicaba el libro “Los diez negritos” de Agatha Christie, se estrenaban las películas; La diligencia de John Ford, El Mago de Oz con Judy Garland, Una noche en la ópera de los Hermanos Marx, Lo que el viento se llevó con Vivien Leigh y Clark Gable. Ese mismo mes de abril de 1939, nacían Marvin Gaye y Francisc Ford Coppola.

¿Cómo fue su infancia?

Mi madre Leonor Vico, pintaba naif y quizá ese único antecedente influyó en mi interés por la pintura, pero no puedo asegurarlo. Lo cierto es que tengo un recuerdo de mi infancia que me lleva a una imagen de casas bombardeadas. Por circunstancias familiares mi madre tuvo que marchar a Mallorca y yo me quedé a vivir con mi abuelo en Cartagena.

Debía tener cinco o seis años cuando un día ahí fuera sonaba un sonido inusual y salí corriendo sorteando enormes piedras, muebles quemados y hogares desolados. Se anunciaba un circo que había llegado con toda la parafernalia, la música, los payasos, los elefantes, el mago, los equilibristas y una niña de unos siete años que atrajo toda mi atención. Marché tras aquel espectacular esplendor de colores y mi familia me localizó unas más tarde en las cercanías de Murcia.

Aparece en mi mente una imagen borrosa a la edad de cuatro años cogido de la mano de mi abuela en el puerto de Cartagena de un señor con una americana marrón que estaba de espaldas y he dibujado esa figura infinidad de veces. Creo que era mi padre, es todo lo que tengo de él y en ese momento yo no lo sabía.

En 1946 se traslada a Mallorca, al barrio de Son Espanyolet a vivir con su madre. ¿Cómo fue la adaptación a ese nuevo hogar y lugar?

No tuve problemas de adaptación aunque añoré a mis abuelos, ellos habían sido mis verdaderos padres. Recuerdo que me encantaba ir por el campo a buscar espárragos.

Pronto tomé la costumbre de salir a la calle con un bloc bajo el brazo y me ingenié una banqueta plegable. Caminaba hasta el centro de Palma y cuando algo me interesaba me paraba, colocaba mis bártulos y dibujaba aquella secuencia. Mis lugares preferidos eran las cercanías del desaparecido Teatro Lírico en la plaza de la Reina. Se respiraba un ambiente artístico en esa zona. Viví con mi madre hasta los dieciséis años.

A los diecisiete partió para Barcelona y pasó cinco años yendo y viniendo de París. De los veintidós a los veintitrés, estuvo viviendo en la capital francesa. Hasta los veintiocho estuvo en Bélgica y colaboraba con una sección del periódico Baleares titulada “Dibujante en la calle” que dirigía el escritor y articulista Joan Bonet, (padre de la cantante María del Mar Bonet).

Comencé como dibujante con dieciséis años a trabajar para el periódico, todavía vivía con mi madre y continué enviando mis caricaturas y dibujos, estando en Barcelona, en París y en Bélgica. Joan Bonet desprendía su arte literario yo completaba la columna con las caricaturas.

Entre medias de esas épocas ganó un premio y en su memoria atesora que cuando fue a recogerlo pasó por delante del Bar Riskal frecuentado por intelectuales y artistas, Llorenç Villalonga, Miquel Villalonga, Joan Bonet, Llorenç Moyá eran algunos de los que participaban en las tertulias y en el interior vio a dos artistas que admiraba, Tarrassó y Xam mantenían una charla de café y entró a saludarles. Tarrassó le preguntó; ¿Vas a que te paguen las 1.500 pesetas que te mereces, jovencito?

Pues sí, me siento feliz y agradecido, le contesté.

Fui a celebrarlo a la zona de la Lonja a un local que se llamaba Casablanca, acabé festejándolo con mi amigo pintor y dibujante Pep Bover. Esa noche tuvimos que ayudar a regresar a su casa a un hombre que no estaba en condiciones de marchar solo, ni más ni menos que a Errol Flynn.

En algunas de sus primeras obras, se vislumbra un postimpresionismo del que supo apropiarse sin abusar y algún matiz de aquel movimiento que se denominó fovismo aparece donde sus colores planos resurgen sobre los abundantes relieves que sazona con su ironías. El color puro se muestra vibrante, suntuoso y claro vencedor por optimismo.
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Existe una legión de prosélitos, seguidores de su personal estilo de como frecuenciar el universo, numerosos son los artistas a los que ha inspirado, algunos tratan de imitarle con descaro y no solo sus pinturas o esculturas, sino también sus ideas y sus proyectos.

Agradezco que se interesen por mi pintura, todos hemos aprendido de alguien, yo por ejemplo siempre he sido un enamorado de la pintura de Henri Matisse pero nunca le he imitado. Hay que poner límite a las influencias. Cada artista ha de impregnar de carácter sus obras, ha de conseguir hacerlas identificativas.

Junto al periodista Miguel Vidal, emprendieron una aventura que duró unos sesenta días y que comenzaría en enero de 1964 en la plaza de Cort de Palma, con una expectación solo comparable a la llegada de los Reyes de Oriente; “Una vuelta a Mallorca en camello”.

Nuestro objetivo no era otro que publicar un libro como testimonio de esa aventura, con textos de Miguel Vidal y dibujos míos que al final vio la luz, bajo el título; Mallorca a paso de camello y se ha editado también un corto dirigido por Toni Bestard que rememora esa experiencia. El camello nos lo prestó Mateu “Campet”, un señor que los utilizaba para pasear a los turistas en El Arenal. Un rumiante viejo que no pudo aguantar más allá de tres semanas. Lo curioso es que cuando llegábamos a algunos pueblos la gente nos preguntaba ¿qué clase de asno es ese?

El camello no estaba acostumbrado al frío del invierno de aquí, ni a soportar la caminata de casi 400 kilómetros sobre asfalto, sus patas estaban preparadas para otra geografía.
Entre un sinfín de anécdotas que nos pasaron, frío, hambre, sed, recuerdo que un día en el pueblo de Consell, mientras nos sentamos para recuperar fuerzas, unos amigos metieron al pasivo de doble joroba en el interior de un bar y no se les ocurrió otra cosa que darle “Palo” al pobre. Casi tres días reposó hasta que se le pasó la cogorza.
Aquella excursión era un acontecimiento, en algunos lugares nos recibían como a estrellas. En Deià, el mismísimo Robert Graves, vino a saludarnos y nos ofreció comida y bebida. Precisamente a la salida de ese pueblo, Mohammed que así se llamaba el camello, se desplomó para siempre. Fue cargado en un camión y nosotros continuamos con una moto Vespa, hasta cumplir con el recorrido que nos habíamos marcado.

Cuando tenía treinta años descubrió que el hombre que vivía con su madre no era su padre biológico. Esa imagen del señor que estaba de espaldas en el puerto de Cartagena, se perpetuaba en la memoria.

Conoció al guitarrista Jimmy Hendrix al que le hizo de chofer y le llevaba a pasear y este le confesó que Mallorca le gustaba porque le recordaba a su barrio en California.
Conoció al cantante Adriano Celentano, al actor Toni Leblanc, al cómico Miguel Gila, a Chumy Chúmez humorista gráfico y escritor, algunos de los que iban a actuar al Teatro Lírico y a cada uno de ellos los caricaturó.
Trabajó entre resmas de papel para las redacciones de los periódicos Ultima Hora y Baleares, con Pere Serra, Miguel Vidal, Pepe Tous, Pau Llull, Juan Bonet, Antonio Pizá, entre otros históricos.

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Con sus creaciones, homenajeó a Federico Fellini y a Woody Allen.

Un año y medio me llevó un trabajo sobre el director italiano, sobre fotos en blanco y negro y libros suyos, con la colaboración de su viuda, la actriz de “La strada” Giulietta Masina.
En relación a Woody Allen proyecté una Conexión Manhattan , Berlín, Capdepera, y Allen soltó al aire una pregunta; ¿Qué es Capdepera? Yo le hice saber con sorna que era donde Gustavo el pintor, tomaba café.

Habíamos visitado el Espai Gustavo, antiguo horno de Ca’n Ángel que el artista convirtió en galería de arte como homenaje a Regine, la mujer con la que tuvo a Bettina y a Yago y con la que vivió durante 45 años hasta que falleció. Un sitio especial en el que cuelgan piezas únicas y reproducciones, serigrafías, catálogos, postales, camisetas, puzles, tazas y algunas botellas de vino de Macià Batle, con la firma del autor.
Poco después, un alto en el camino para tomar café en Can Patilla, donde Gustavo había reservado una mesa en el exterior. Allí nos seguía mostrando su capacidad de viajar por la historia y surgían temas como cohetes que ascienden a un cielo en el que él coloca las estrellas.

…dicen que mis obras tienen algo que ver con el dadaísmo, el movimiento anterior al surrealismo en el que tuvo una notable aportación el poeta André Bretón. Tanto un movimiento como el otro, no estaban ligados únicamente a la pintura, sino también a la escultura, a la fotografía y a la literatura. El dadaísmo se basó en lo interdisciplinar, criticando el arte tradicional, la belleza, la calma y promulgaba la subversión. El surrealismo vino a suavizar aquella irreverente vanguardia de miles de seguidores.
… Matisse es uno de mis artistas preferidos, así como Nicolás de Staël que conocí a sus hijos con los que mantuve una cierta relación.
… gran parte de mi vida y de mi carrera profesional ha trascendido entre Capdepera y Berlín.
… confieso que siempre me ha deleitado el buen comer y los servicios especiales en hoteles de cierta categoría.
… Regine fue la mejor compañera de viaje que nunca jamás hubiera podido encontrar.

Y así podríamos continuar anotando que:
… Fernando, el hijo de Fernando Fernán Gómez y María Dolores Pradera ha hecho presentaciones en Madrid de ediciones especiales de sus catálogos.
… el edificio Gustavo en Berlín se divisa desde el avión a la llegada al aeropuerto y se han hecho eco múltiples medios de comunicación de todo el mundo, televisiones, radios, periódicos, entrevistándole.
… está cerca de superar la creación de 5.000 óleos.
… los guerrilleros de Cristo Rey y Blas Piñar, pusieron sus obras mirando a la pared, como castigo a su carácter contestatario.
… durante años expuso en Milwaukee, en Wisconsin y en Alemania.
… ha diseñado los premios para el Evolution! Film Festival y estos se han entregado al actor Danny de Vito el primer año y este último a la actriz Ángela Molina.
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Nos dirigimos al colegio S’Alzinar de Capdepera para contemplar el Gran Mural y comprobamos cómo alumnas, alumnos, personal y dirección admiran y aprecian a Gustavo y sus dibujos.

De ahí seguimos nuestro itinerario hacia Cala Rajada donde nos situamos frente a los dos murales de cerámica del paseo marítimo del puerto, compuestos cada uno por 1700 baldosas (4m x 16 m).

Esto es un reconocimiento del pueblo de Capdepera con el que me siento identificado y agradecido. Un escaparate con el que se encuentra todo el que entra en el puerto con una embarcación o va a pie por el paseo.

No se prodiga en la escritura y tal vez por eso se conoce poco su afición a la poesía con la que escudriña en las profundidades. Nada es superficial en sus expresiones, ni tan siquiera en su afectuosa mirada.

Me permití leer alguno de sus textos y sentí que al narrar aquella fábula había salido volando y que mi alma se transformaba en serpiente.

Escribir para mí es un ejercicio emotivo, espiritual, íntimo. No ejerzo de poeta pero me atrae sustantivamente. Me recreo en las metáforas. Quizá se vinculen a lo insinuante de mis trabajos plásticos.

¿A lo largo de su carrera ha habido algún proyecto que no ha podido llevar a cabo?

Rotundamente, ¡No! Por suerte, nunca he dejado atrás un solo proyecto que me interesase aunque la Covid 19 ha motivado que se retrase hasta no se sabe cuándo la celebración de mis 50 años desde la primera exposición en Berlín.

Es un tema que organizaremos mi hija Bettina y yo. En cincuenta años han pasado tantas cosas que habrá mucho por contar, pero debido a la situación actual se hace muy complicado confirmar una fecha definitiva.

Tras comer una extraordinaria “fideuà” en el Club Tenis Aguait, nos dirigimos a la finca Son Turó en Capdepera dónde Gustavo inventa, proclama, gime, mientras suenan María Callas, Jacques Brel, Mozart.

El idílico santuario “gabellí”, arropado por sus figuras y sus iconos pictóricos y escultóricos, desde donde en días nítidos saluda a sus vecinos de Menorca.

Para analizar la obra de Gustavo, es imprescindible infiltrarse en la alquimia de sus cáusticos títulos, en los poros que deja entreabiertos en sus prolongaciones, sus mordaces críticas a las políticas ruines e indecorosas, sus enigmáticos ornamentos colocados con precisión inversa, su sarcasmo, sus figuras retóricas. Cada uno de ellos ofrece la posibilidad de lanzarse a aguas pantanosas en cada una de las disciplinas que derrocha, naif, surrealismo, expresionismo, pop-art…

Una voluptuosidad que vislumbra sus códigos endógenos, punzadas en el ánimo del pusilánime, embestidas a los iluminados y a los caraduras.

Con Gustavo uno se queda con la impronta de que el tiempo ha pasado sin posibilidad de tomar notas pero cuando repasas, te das cuenta de que el conocimiento ha crecido a lo largo y a lo ancho.

Y puedo asegurar que tras despedirnos de Capdepera, Francisca, Jaime y yo, nos alejábamos con la impresión de que aquel hombre, alegre y solidario nos había inyectado una altruista dosis de energía positiva.

Más información: www.artgustavo.com

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