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El mamading político

jueves 03 de julio de 2014, 17:21h
Es denigrante que haya chicas que se presten a concursos de felaciones colectivas a cambio de barra libre en un bar. Hay que clausurar este tipo de locales. En mamading colectivo en un local abierto al público es una práctica que debe ser erradicada de cuajo en nombre de la higiene democrática.

Pero no nos engañemos. Hay otro tipo de mamading, aparentemente no tan degradante, pero sí moralmente despreciable. La mayoría de partidos y de políticos se dedican al mamading cuando se acercan las elecciones, haciendo todo tipo de promesas que luego no cumplen cuando llegan al poder.

Muchísimo ciudadano ha acudido a lo largo de las décadas a los colegios electorales extasiado con la papeleta en la mano, creyendo que su vida iba cambiar cual milagro bíblico al haberse tragado los compromisos de la propaganda electoral de su opción favorita.

El mamading físico, en grupo y regado con alcohol queda muy mal. Pero las comidas de coco lanzadas contra millones de incautos en campaña electoral queda mucho peor. Bajarse la bragueta en un bar es patético. Meter la papeleta en la urna creyéndose todo lo que le han dicho es trágico. No hay peor arte del mamar que el de engañar mamando.

Si se hubiese cumplido todo lo que se ha prometido en España por parte de los que han tenido responsabilidades de Gobierno durante los últimos treinta años, ahora viviríamos, como mínimo, en el paraíso terrenal.

El mamading político debería estar prohibido constitucionalmente. Pero incluso la propia Carta Magna es una gran mamading. Sin ir más lejos asegura que todos los españoles tienen el derecho y el deber de trabajar así como el de poder habitar en una vivienda digna. Al final todo es una mamading. Una tomadura de pelo que encima sale carísima porque el sufrido contribuyente acaba pagando las campañas y comicios. Al menos las chicas enloquecidas de los bares-mamading tienen la bebida gratis. Pero nadie se salva de pagar hasta el último céntimo de una resaca electoral.

No hay peor vejación en las relaciones humanas que el mamading cerebral. Con el de los bares se pierde la decencia, que no es poco. Con el mamading político, dirigido a chupar nuestras mentes, nos arrancan la ilusión, la esperanza y hasta las ganas de vivir..
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