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Sánchez y el futuro del socialismo

jueves 31 de julio de 2014, 09:26h
Hagamos una primera valoración política del flamante líder socialista, Pedro Sánchez: Es alto y guapo. Fin de la cita.

Es lo que tiene el marketing político aplicado a las marcas premium, PP o PSOE. Los primeros pueden presentar una escoba como candidato –de hecho, no descarto que lo hagan, tras la experiencia de Rajoy-, los segundos buscan seducir a la plebe con feromonas. El fundamento de esta comprobadísima teoría es: no dejes que las ideas o la ausencia de ellas te estropeen la imagen de un líder apuesto capaz de atraer votos con su sonrisa. A Felipe le votaban las viejecitas porque les parecía atractivo (para gustos...); a Suárez, aunque tuviera otras muchas cualidades, qué decir; a Aznar todavía no sé por qué le votaban, sinceramente.

Por ahora, lo que le he escuchado a Sánchez son algunos zapaterismos al uso y un intento de vender, por medio de humo enlatado, una supuesta renovación de su formación. Disculpen que me detenga un instante a carcajearme. Sigamos.

Una primera objeción. Como demagogo, la gran promesa de Estudiantes no llega, pese a su ventajosa estatura, a la suela de los zapatos a su paisano y colega docente, Pablo Iglesias, más ducho en el arte de colártela por un resquicio, pues no en vano el caudillo de Podemos atesora los principios de la acrisolada escuela bolivariana del “Aló Presidente”.

Sin embargo y sorprendentemente, Sánchez ha dicho, entre tanta vacuidad, algo interesante, como que el proceso de Cataluña no se va a detener con el enrocamiento gubernamental. Hombre, tampoco es que haya que ser Demóstenes para formular semejante argumento, pero, comparado con la actividad neuronal de Rajoy, es un gran avance en la evolución de la especie política española. No todo está perdido.

Aunque, al cabo, para qué marear la perdiz, el meollo de la cuestión reside en que el socialismo español –o lo que queda de él-, atenazado por el dominio abrumador del régimen andaluz de Susana Díaz y su trasunto extremeño, no tiene posibilidad alguna de regenerar nada. Porque, para ello, debería en primer lugar levantar las alfombras en ese sur que tanto ha contribuido a encumbrarle, echar a centenares de corruptos que han vivido durante décadas de chupar del bote público político-sindical y fijar un plazo para la supresión del PER y la cultura del subsidio permanente en la que vive inmerso medio electorado socialista. Y, definitivamente, un político que es economista y profesor universitario, aunque no sea Marco Tulio Cicerón, sabe perfectamente que, a la que toque un ápice de estos privilegios e injusticias, que son la base de los desequilibrios territoriales y la justificación perfecta para el soberanismo catalán, se lo cepillan los “suyos” en un pispás. Así que lo único que se puede esperar del señor Sánchez a medio plazo es que intente recomponer cosméticamente su partido, se siente a esperar el desgaste del gobierno, rece para que a Pablo Iglesias le encuentren una transferencia desde Teherán o Pyongyang y, mientras tanto, se dedique a atizar a la Iglesia católica y al nacionalismo –con la inestimable colaboración de la familia Pujol- y consiga así llegar más o menos indemne a una campaña en la que, sin duda, las vallas volverán a tener un gran protagonismo.

 

 
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